Tras suscitar el previsible escándalo, la obra de Lejos de la intención de este artículo cuestionar la libertad del creador, que es intrínseca a su actividad. Ahora bien, sí quisiera llamar la atención sobre el uso que hace de su libertad el artista español. Podríamos decir, por ejemplo, que su propuesta es grosera en términos diplomáticos, penosa en términos estéticos e inexistente en términos creativos. Pero quizás sea más oportuno señalar que estamos ante una obra paradigmáticamente menor en términos de ambición.
Día a día, la ideología crítica gana terreno en el ámbito de la expresión plástica. Lo cual no está, a priori, ni bien ni mal: todo ciudadano, artista o pornógrafo, se rige por unas ideas. Sucede, sin embargo, que, según el compromiso críticogana adeptos y mentores, decae el compromiso profesional de sus practicantes. Algunos de ellos, como
El envidiable grado de libertad del que goza la creación artística en Occidente no debería abocarnos a su banalización. Conviene por ello recordar que la libertad no sirve sólo para denostar el orden establecido. Los creadores son libres también a la hora de esforzarse más allá de la boutade; a la hora de asumir retos que desafíen sus propios límites; y a la hora, en definitiva, de perseguir la excelencia. Son incluso libres para hacer juegos malabares con los incontables referentes de su tradición cultural, alguno de los cuales, por cierto, puede resultar más estimulante que la pornografía, ese ámbito que, al decir de
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