Vista de un sector de «Periférica», que reunió obras de distinto valor y que nunca llegaron al circuito del mercado.
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Para sorpresa de los conocedores y hasta de los propios artistas, al levantarse el telón, quedó a la vista la magnitud de una inmensa producción, y una estética de filiación peculiar, que permanece oculta a los ojos del público. Así, rápidamente, nuevos nombres comenzaron a circular por el ambiente.
El primer comentario fue el elogio de la calidad de las obras y la inventiva del montaje, que convirtió el Cultural Borges en un espacio grato. Luego, se tornó evidente el afán de los coleccionistas por poner a prueba su entrenamiento visual, y comprar por poco dinero, lo que calculan va costar mucho más a breve plazo. Deporte que algunos practican en las provincias, donde el mercado y el coleccionismo no existen, «porque los galeristas no llegan», según revelan los artistas.
Por otra parte, la apertura a otras disciplinas que se conjugan con las artes visuales, como editoriales y sellos de música independientes, impusieron en
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