«Tigrero - El film que nunca existió» (Tigrero - Elokuva joka ei valmistunut, Finlandia-Alemania-Brasil, 1993, habl. en inglés y portugués.) Guión y Dir.:M.Kaurismaki. Int.:S. Fuller, J. Jarmush.
Un viejo realizador, ya octogenario, vuelve al lugar donde, 40 años antes, estuvo a punto de hacer su gran película. Ese lugar es una aldea amazónica, ahora en proceso de disolución. Dicho así, ésta podría ser una obra casi elegíaca, que enlazara el mundo del viejo artista con el de las antiguas civilizaciones que se van perdiendo en el ocaso. Pues bien, resulta que el tal octogenario es un hiperkinético incansable, el vitalísimo director de cintas de acción Sam Fuller, y que los indios también son unos tipos divertidos. Y entonces la obra es un documental fresco y risueño, que da gusto ver. Fuller fue sucesivamente cronista policial, soldado en el frente de la Segunda Guerra, autor de novelitas de acción, y director de «Yo maté a Jesse James», «Bayonetas caladas», «El rata», y otras joyitas de presupuesto mínimo, incluyendo su obra de madurez, el formidable «Mas allá de la gloria», que en 1980 lo trajo a Buenos Aires, vía Cinemateca Argentina.
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Por supuesto, los primeros que van a disfrutarlo son los adictos al cine o la antropología, pero el entretenimiento es general, ya que el mayor atractivo de la obra consiste en el registro de esa vitalidad, y del sentido de amistad que la envuelve. Esto último, manifestado no sólo en la bonhomía de los indios al reencontrarse con semejante loco, sino en la paciencia de su acompañante, el más apacible y urbano Jim Jarmush, que a duras penas le sigue el paso, y también en la forma que el autor del documental, el finlandés Mika Kaurismaki, registra los hechos.
Kaurismaki siempre destaca la amistad, sobre todo la que se manifiesta entre la gente de lo mas variada de la famosa aldea global. Sirvan de ejemplo «Helsinki-Napoli, todo en una noche» (donde actúa el propio Fuller, solo por dar una mano), «Zombie y el tren fantasma», donde un rockero interpreta a otro en su memoria, y «Los ángeles sin mapa», donde se pierde un inglés enamorado de una chica que apenas ha visto. Pero en ese sentido «Tigrero» es la mejor, y sin dudas la más sencilla y breve, apenas 77 minutos que dejan con ganas de seguir viendo otro rollo.
No estamos hablando de una película perfecta. Se rodó sin ningún libreto previo, en apenas dos semanas (el mínimo posible, para no invadir demasiado a los lugareños, y que las visitas no sufrieran tanto los mosquitos, etc.), así que el resultado no pasa de un carnet de viaje. ¡Pero con que apuntes! Una perla, cuando Fuller les muestra a los indios las pruebas que él había filmado 40 años atrás, y algunos se reconocen, o reconocen a sus mayores, y al otro día uno está algo melancólico, porque pudo ver de nuevo a un querido amigo, y explica, como lo mas natural del mundo, «se lo comió un yacaré la semana pasada». En suma, dos cineastas neoyorquinos, un escandinavo, y cuatro familias de karajas, descubriendo diferencias y similitudes entre la selva de Hollywood y la del Amazonas. Y propiciando, con el solo registro documental, otras reflexiones (si uno quiere hilar fino), sobre la absorción de las viejas culturas, los cambios acelerados, el paso de las generaciones, la atracción de los opuestos, la distancia entre ficción cinematográfica y vida real, y la posibilidad de comprender realmente al otro.
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