23 de abril 2001 - 00:00

Atrae visualmente espectáculo de Angelelli, pero resulta hermético

Xibalbá.
"Xibalbá".
Los años pasados junto al equipo de Eugenio Barba han dejado sus huellas en Guillermo Angelelli. Como todos los integrantes del grupo del Odín Teatret, Angelelli ha pulido su técnica de manera asombrosa: maneja su voz como si fuera un instrumento, es un mimo refinado y todo su cuerpo parece participar de su juego. Las pausas demuestran su dominio del tiempo y es capaz de interpretar instrumentos musicales y bailar y actuar a un tiempo con innegable destreza. Otro mérito lo constituye la imaginación con que es capaz de crear efectos fascinantes con medios modestísimos e instaurar en el escenario la belleza.

En esta presentación, en la que propone un viaje al principio de la creación, cuenta con el inestimable apoyo de Patricia Schaikis, también entrenada en el Odín Teatret. Angelelli y su compañera han logrado una integración asombrosa. Parece que respiraran al unísono, como si fueran las dos mitades de un mismo ser.

«Xibalbá» propone un viaje hacia lo desconocido, que recorriendo mitos y creencias ancestrales, profundiza en los sacrificios, liberando la violencia y el miedo. Cada cual debe emprenderlo a su propio riesgo, internándose en las zonas más oscuras de su ser. Allí donde la razón deja de iluminar el camino.

Logros

Hay logros notables: la inmersión en el caos primitivo en la que los dos intérpretes parecen desaparecer de la escena, los violentos juegos a los que se entregan, el viaje en tren en el cual Angelelli marca el traqueteo de las ruedas mientras describe la situación por la que atraviesan, la luz que proviene del fondo de la escena y produce el efecto de un túnel.

La experiencia es interesante, propone una búsqueda hacia formas de expresión que se aparten de lo convencional. Pero es hermética y confusa, y es difícil detectar un hilo conductor que permita descifrar su significado.

Siguiendo las huellas de Artaud, Angelelli y Schaikis se entregan a un juego peligroso y aparentemente regido por el azar, pero el diestro manejo de la energía y la empatía que logran demuestran que el riesgo es calculado y los mecanismos técnicos han sido ajustados como piezas de relojería.

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