24 de enero 2002 - 00:00

Aun con penurias, el cine ganó en el Este

Una escena de Pan y rosas
Una escena de "Pan y rosas"
(24/01/02) Punta del Este - Edición de emergencia económica, la quinta muestra «Europa, un cine de Punta» terminó ayer, con una comedia francesa y un brindis más bien simbólico. Pero brindis al fin. Muchos otros festejos esteños fueron levantados, arriesgando una posible muerte por interrupción. El de cine se salvó sobre la hora, gracias a la buena voluntad de la intendencia de Maldonado, las embajadas, y los equipos que, reducidos, trabajaron el doble ganando menos. Lo de siempre, en fin.

Por suerte el nivel de las películas no se redujo, y el público volvió a llenar las salas. De exhibición inmediata, gustaron «Amélie», «Lucía y el sexo», y «El hombre que nunca estuvo» (estas dos, en fallo discutido). Para tener especialmente en cuenta cuando se estrenen: «Pan y rosas», «Sabiduría garantizada», las holandesas «El soplón» y «Magonia», y (vista en la sección La Película Sorpresa), la última comedia de Ettore Scola, «Competencia desleal», sobre la amistad de dos comerciantes -un católico y un judío- durante la Segunda Guerra Mundial.

Y para reclamar su exhibición en Argentina, porque todavía no tienen distribuidor, «Juana la loca», de muy buena repercusión en el público, y las road-movies «En julio» (comedia alemana romántica) y «A la revolución sobre dos caballos», también llamada «A la revolución en 2CV», simpática memoria de los '70, hablada en portugués, italiano, francés y español.

A destacar, el público que en plenas tardes de sol casi rebalsó el Cantegril para los homenajes a Paco Rabal, con «Los santos inocentes», y a «La guerra gaucha», con Amelia Bence, que derrochaba vitalidad. «Vos mataste a tres maridos, me dijo Mirtha. Pero en todos los casos ya nos habíamos separado. A lo mejor se murieron porque me extrañaban», bromeó en una conferencia de prensa también llamativamente llena.

Tuvo varios elogios la venezohispana «Una casa con vista al mar», ingenua y emotiva.

Pero vista al mar es también lo que reclamó, medio energúmeno, un director francés aquí desconocido. La famosa, y dulce, es su mujer, Charlotte Gainsbourg, buena actriz y sex-symbol (e hija de famosos) que vino con marido, hijo, nurse y secretaria. Como el hotel que les asignaron no daba al mar, se fueron todos a San Ignacio, de donde saldrían sólo para presentar su película, la comedia «Mi mujer es una actriz». Los festivales deben tener en cuenta cada cosa...

España

La mayor presencia fue española, con seis obras peninsulares y, en coproducción, una venezolana y una uruguaya («En la puta vida», otra a tener presente). Para considerar, las palabras del venerable José María Otero Timón, cabeza espiritual del Instituto de Cine de aquel país: «El éxito internacional de «El hijo de la novia» (que nosotros coproducimos) también es un éxito para el resto de las producciones latinohabladas, porque repercute. Pongamos el acento en la difusión, que se hagan familiares nuestras voces, y las caras de nuestros artistas, ésa es la tarea. En los últimos años hicimos 54 coproducciones con Latinoamérica, no tanto por hacer negocio, sino por alentar la diversidad cultural latinohablante. Si no, sería todo uniformizado por el más fuerte, aunque, sobre este problema, a las multinacionales les echamos la culpa de todo, y no siempre la tienen».

Al respecto, pudo opinar el director y productor brasileño
Flavio Tambellini, allí presente: «Las multinacionales me tomaron 'Estación Central', y la publicitaron bien, y 'Yo, tú, ellos', que necesitaba promoción pero la largaron a su suerte.Y las multinacionales (Sony Classics y Columbia) ponen ahora la mitad del dinero que preciso para hacer 'Caramdiru', sobre la represión de un motín carcelario hace pocos años en San Pablo, donde murieron 111 reclusos. La obra, que ya está en rodaje, se basa en un libro del médico del penal, la dirige el argentino Héctor Babenco, y cuesta seis millones de dólares, uno de los mayores presupuestos de nuestro cine».

Vale la diferencia: en este caso, las multinacionales no colaboran para alentar la diversidad cultural (ni, mucho menos, para insertarse en alguna previsible discusión política), sino porque una ley de medios audiovisuales les hace invertir en cine brasileño cierta parte de sus ganancias. Otros son el sistema francés (impuestos sobre salas y canales de TV, según explicó el delegado galo al Este), y el español (
«no les cobra el Estado, sino que las empresas mismas deben hablar directamente con los productores que ellas elijan, y mostrarnos luego sus compras de antena por valor del 5% de sus ganancias anuales», explicó Otero Timón).

«Europa, un cine de Punta»
, se salvó porque el intendente quiso hacerlo. Entre nosotros, ya perdió fuerza la movida argentina iniciada el año pasado en Berlín (ya nadie piensa en lobbies). Lo de siempre, otra vez.

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