26 de septiembre 2002 - 00:00

Austin Powers no cesa de arrancar carcajadas

Escena del film
Escena del film
«Austin Powers en G o l d m e m b e r » (EE.UU., 2002, habl. en inglés). Dir.: J. Roach. Int.: M. Myers, M. Caine, B. Knowles, V. Troyer, R. Wagner.

Mike Myers no sólo escribe los guiones de sus películas, sino que en esta nueva secuela de «Austin Powers» interpreta al agente protagónico, a su archienemigo Dr. Evil, al horrible villano secundario Fat Bastard -que le debe llevar horas de maquillaje- y al villano estelar Goldmember. Y no se le agotan los chistes.

La abrumadora catarata de gags, desde el increíble prólogo con Tom Cruise, Gwyneth Paltrow, Kevin Spacey, Danny De Vito y Steven Spielberg hasta el último chiste superpuesto a los créditos del final, logra el sueño de todo comediante: el público no para de reírse a los gritos en una especie de ataque de histeria colectiva de esos que sólo pueden ser provocados por auténticos clásicos del género. Siendo el tercer film en la serie, es asombroso el nivel de eficacia y el cuidado permanente por mantener o mejorar el nivel.

Una de las pocas críticas que se le podría hacer es la menor química erótica entre Austin y la superagente blaxploitation Foxxy Brown (la hermosísima cantante Beyonce Knowles no logra borrar la memoria de su antecesora Felicity Shagwell, la espía cachonda Heather Graham).

Y la idea más brillante y sutil es la de introducir como padre del protagonista a uno de los más grandes agentes al servicio secreto de su Majestad, Michael Caine, reencarnando a Harry Palmer, igual que cuando intentaba seducir a Françoise Dorleac en «El cerebro de un billón de dólares». Haciendo tantos personajes a la vez, Myers no dejó de permitir que varios de los mejores gags queden en las seguras manos de Caine, que logra potenciar al pobrecito Mini Me (el actor liliputiense Verne Troyer) a niveles desconocidos.

Y para no repetirse, esta vez Myers apuntó los chistes hacia sí mismo. Como la historia va y viene en el tiempo a todo ritmo: el padre de Austin ha sido raptado por Goldmember y llevado a una discoteca neoyorquina de mediados de los '70 (lo que permite la autoparodia, ya que Myers protagonizó «Studio 54»).

Desde las celebridades invitadas ya mencionadas, pasando por un brillante uso del subtitulado a un recorrido por la orquesta de
Quincy Jones, en este nuevo film las técnicas y convenciones cinematográficas son blanco del humor más surrealista que se haya visto en mucho tiempo.

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