5 de enero 2007 - 00:00

Avatares de la TV

  • A la espera de los estrenos en prime time, algunos canales castigan al televidente con el caballito de batalla de todo principios de año: «Lo mejor de...» lo que sea. El miércoles en «Canal 9» ni siquiera mostraron algo de 2006, sino que exhumaron «Lo mejor de Showmatch» cuando estaba en ese canal, pensando probablemente en subirse al éxito de «Bailando» y «Cantando por un sueño» en el «13». El rating no satisfizo ni de lejos tal expectativa (como se ve en el cuadro de esta misma página, hizo sólo 7,9 puntos). No era para menos, ya que lo que eligieron para ese día fue fundamentalmente la corte de los milagros que fue «30 segundos de fama». Si ya era penoso seguir las alternativas de un solo programa, imagine el lector lo que era ese compilado. Como premio consuelo, al menos se pudieron hacer estadísticas curiosas como que la disciplina con mayor cantidad de cultores era la de «imitadores de aves y otros animales». Otra, la de amaestradores caseros de perros. Entre éstos, un anciano consumió buena pare de sus 30 segundos tratando de que Bobby, su mascota, se haga el muerto; como no lo conseguía, lo cacheteó severamente repetidas veces, tanto que uno de los «cómicos» del panel, le advirtió a Tinelli: «va a haber problemas, Marcelo».

  • Lo mejor de «RSM» en «América» tampoco fue un dechado de talento (el programa ya no lo era). Para empezar, la edición parecía hecha a dentelladas. Muchas veces, cortaban directamente a Mariana Fabbiani en medio de una frase para pasar a otra cosa. Como ejemplo de los fragmentos elegidos vaya como muestra el sketch en el que Humberto Tortonese le medía el pene detrás de un biombo al panelista de «Intrusos» Daniel Gómez Rinaldi (que tuvo su destello de fama el año pasado por sus presuntos atributos). Tras «sacarle» una franela, una media, una mano de plástico y una zanahoria de entre las piernas («¡es mentira, Mariana!», chillaba Gómez Rinaldi), Tortonese dictaminó: «No es chica, no es bestial, pero es descomunal». El veredicto fue acompañado con un fuerte relincho en off.

  • Mirtha Legrand en Mar del Plata no repite, pero como es un clásico, se repite a sí misma, aunque a veces sorprende como cuando ensayó unos pasos algo así como cumbieros sobre música de Iliana Calabró el miércoles, como cierre de programa. Ayer tuvo en su mesa al mago Emanuel, el ex arquero y hoy conductor de TV Sergio Goycochea, la modelo Rocío Guirao y el modisto Jorge Ibáñez. Como la joven modelo todavía no es habitué de los almuerzos, pudo saberse de ella alguna que otra novedad. Entre ellas que ya está buscando discográfica para grabar su primer disco. La hija de Juan Carlos Calabró está haciendo escuela evidentemente, y eso que Guirao no va a estar en «Cantando» sino en «Bailando por un sueño 4», donde tendrá que competir con la conspicua piquetera Nina Peloso, entre otras contrincantes.

  • A Emanuel, Goycochea e Ibáñez, Mirtha volvió a preguntarles «lo de siempre», como ella misma dice. «¿Alguna vez no te salió un truco?» (al mago); «¿Alguna vez te hiciste un gol en contra» (al arquero); «¿ Alguna vez vestiste a dos mujeres con el mismo vestido y se encontraron en algún lado?» (al modisto). Emanuel y Goycochea dijeron que sí. Jorge Ibáñez dijo que «jamás». Entonces, Legrand repitió una anécdota infalible cada vez que invita a un diseñador y le hace esa pregunta: «Pasó una vez con Elizabeth Taylor y Gina Lollobrigida el el Festival de Cine de Moscú. Era un vestido de Valentino, pero el de Liz Taylor era el verdadero, el otro era una copia».

  • Otro castigo del verano: la sexóloga Alejandra Rampolla, reiterándose con los mismos temas de siempre (al fin y al cabo, la sexualidad humana es más limitada de lo que parece). Pero no sólo su repertorio es reiterativo, sino los invitados. Cacho Castaña saturó ya con sus historias. Lo que comenta mucha gente, más allá de todo, es que Rampolla está demasiado excedida de peso, pese a que las fantasías sexuales (aunque no siempre, claro) suelen ser más gráciles y vaporosas.

  • Insiste «HBO» con la fracasada serie «Vientos de agua» que se vio por «Canal 13», y que en España salió rápidamente del aire. Se trata de una producción con mala fortuna desde su propio título, desabrido, nada seductor. A veces no se piensa demasiado en cuánto un título también influye sobre la suerte de una obra. Sin ir más lejos, el espantoso «La puta y la ballena» de Luis Puenzo.
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