"Ayer otra vez"

Espectáculos

«Ayer otra vez» (Lang fun dau/Yesterday once more, Hong Kong, 2004, habl. en cantonés). Dir.: J. To. Guión: K.Y. Dau. Int.: A. Lau, S. Cheng, J. Hu, C. Ng, K.T. Lam, W. Chun, Ch. Lin.

Quien haya visto «Breaking News», «Fulltime Killer», «Election», «Election 2», «Mi ojo izquierdo ve fantasmas», o alguna otra de las películas de Johnnie To que por aquí circulan, puede sorprenderse con el tono afectuoso y la violencia mínima y juguetona de la película que ahora se estrena. Es que el prolífico realizador oriental -y ampliamente comercial- gusta probarse en distintos géneros y en variadas canchas, como los artesanos de Hollywood. Al que de paso le manda saludos, con guiñaditas a «La banda de los perros asaltantes» (aquella de los doberman), «Sociedad para el crimen» («The Thomas Crown Affair», pero la versión buena, que es la primera) y otras películas de entretenimiento norteamericano de los '60 y '70.

Lo gracioso es que acá prácticamente todos los personajes son chinos, aunque la acción en ese momento transcurra en Udine. Pero, por supuesto, la plata está en Hong Kong, y ahí también están los protagonistas: un matrimonio de ladrones de guante blanco, que se dan la gran vida y se separan sólo porque ella siempre se desespera por tener «la mitad más grande». Dos años más tarde, cuando ella acepta casarse con otro, él reaparece, porque son tal para cual. O más o menos. El roba por diversión y cariño. Ella, porque es «maleducada, ambiciosa, sarcástica y engreída», tal como la describe la futura suegra (y le faltó agregar que encima tiene el pelo teñido). Otra cosa graciosa: la suegra también era ladrona, así que sabe muy bien qué clase de joyita se le quiere meter en el halajero.

No corresponde anticipar más, salvo decir que se trata de una comedia ingeniosa, con varias vueltas de tuerca, que de pronto se vuelve romántica, con un tantito de melancolía si se quiere, y que todos viven bien, viajan en Lamborghini, abren cajas con lindos collares de diamantes, vinos de 60.000 dólares, no registran sus paseos con una miserable camcorder, sino con una vieja y venerable Beaulieu 16 mm., juegan a las carreras de caballos y de galgos, a las cartas (una variante de El Estanciero), practican el engaño, la punga, y el tai-chi. Y que el chino éste será un ladrón profesional pero es un santo, porque otro cualquiera ya la hubiera dejado en la calle a esa miserable avarienta.

Completan el catálogo un pretendiente solo apto para cocinero (y para ser protegido por la madre), un gran inspector de seguros, dos detectives angurrientos, un médico engañoso, un velocista, varios corredores pedestres, y un perro.

Como en las viejas películas antedichas, se pasa lindamente el rato. Las otras de Johnnie To son un poquito distintas (digamos que por lo habitual chorrean sangre y crispan los nervios, cosa que acá no ocurre para nada).

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