16 de abril 2008 - 00:00

Bafici reflotó gema histórica

Enrique Piñeyro presentó el documental «Bye Bye Life»,sobre los últimos días de una artista enferma de cáncer.
Enrique Piñeyro presentó el documental «Bye Bye Life», sobre los últimos días de una artista enferma de cáncer.
Filmada en el sur otoñal de Chile con prácticamente cuatro actores que apenas hablan ni hacen mayor cosa, «El cielo, la tierra y el cielo», de Torres Leiva, cumple con todos los requisitos del gusto Bafici: es alargada, lánguida, lacónica, de interpretación laboriosa y surgió de un laboratorio Bafici para proyectos independientes (pero de coproducción germano-francesa). Tiene, de todos modos, cierto clima apreciable, que remite a trabajos anteriores más breves del mismo autor: «Obreras saliendo de la fábrica» y «El tiempo que se queda».

Se puede apreciar, también, que los 110 minutos de esta película sin mayor argumento son una nimiedad frente a los 245 de «Historias extraordinarias», de Mariano Llinás, que se verá mañana con dos intervalos, o los 540 de la filipina «Muerte en la tierra de los encantos», que va hoy, especial para probar la calidad de las butacas. En fin, encantos del Bafici.

A señalar, de lo visto últimamente en competencia, un «Tren nocturno» adscripto al subgénero «qué mal viven los chinos», el malayo «Help me Eros», tan malo como cabía suponer del discípulo de Tsai Ming-liang (y con éste como productor ejecutivo), pero al menos con unas lindas orientales practicando un fugaz «kamasutla», y, sobre todo, «Bye Bye Life», de Enrique Piñeyro, tocante documental donde, más que la belleza femenina, que se va, importa la belleza de los sentimientos, que ayudan a soportar entre amigos los últimos días de una artista enferma de cáncer. Señalable, también, el documental «Süden», sobre el regreso del compositor Mauricio Kagel a la Argentina. A propósito, el Ensamble Süden brindará hoy un concierto gratuito con tres obras de Kagel en el cine-teatro 25 de Mayo de Villa Urquiza. Ayer, en la misma sala, se presentaba «Special Forces», una performance del animador quebequense Pierre Hébert, con música en vivo de Bob Osterlag, y, en el Malba, una película que se creía definitivamente perdida: «En el infierno del Chaco», filmada en 1932 por Roque Funes, que apenas empezó la Guerra del Chaco ( Paraguay contra Bolivia) tomó su cámara y no paró hasta llegar al frente, en plena batalla de Boquerón, que arrojó más de 7.000 muertos en 23 días. Terminada la guerra, la película se dio por perdida.

Sólo recientemente los herederos de un viejo exhibidor asunceño sacaron a relucir una copia, que el hombre apenas mostró en ocasiones especiales hasta los 50, y la donaron a la Cinemateca Paraguaya. Hugo Gamarra, director de la misma, entró así en contacto con Aprocinain y Laboratorios Stagnaro, de la Argentina, donde la obra no se ve prácticamente desde 1938. El paso siguiente será un documental codirigido entre Gamarra y el boliviano Humberto Ríos. En suma, un verdadero rescate (no como «My Brother's Wedding», que figura en el Bafici como rescate y se exhibió el año pasado en Mar del Plata, y aún más, la presentó su propio director en copia nueva).

Otros títulos atendibles: el policial del veterano Sydney Lumet «Antes que el diablo sepa que has muerto» (no apurarse, porque después lo estrenan), el risueño «Campillo, sí quiero» (un pueblito perdido mejora económicamente desde que el alcalde se convierte en el mayor casamentero gay de España), una serie de diarios íntimos del israelí-brasileño David Perlov titulada «Yoman» (iniciada en 1973, combina tomas familiares, charlas con artistas y directores, carnets de viaje, reflexiones sobre las guerras de Medio Oriente, etc.), y el inquietante «Flipping Out», sobre soldados israelíes que, al salir de baja, se van a la India para sacarse el estrés con drogas duras. Hasta allí va a buscarlos un coronel, ex drogadicto, que los recupera y los reorienta hacia una secta ultraortodoxa (según espectadores, algo similar ocurre en nuestros lagos del sur).

Interesante, «El castillo» de Aleksei Balabanov, libremente inspirado en Kafka. De Balavanov el Bafici dio primero sus películas comerciales de gangsters («Hermano», «Hermano 2», etc.), pero ahora empieza a exhibir las primeras que hizo, que eran las realmente independientes: «Días felices», «El castillo», y, sobre todo, la singular «De monstruos y de hombres» (sólo exhibida en 1998 en Mar del Plata), un relato morboso que entremezcla humor negro, perversiones y burlas silenciosas al afán científico, todo en estilo de policial rocambolesco de cine mudo, hasta completar con ello una curiosa parábola sobre el propio desconcierto de la sociedad rusa.

Curiosa, apenas, «La mirada febril», autopromocional de los diez años del Bafici donde habla uno solo de los tres directores anteriores del festival. Los otros dos, Andrés Di Tella y Fernando Peña se negaron a participar. Y discutible, el título castellano «Yo dormí con un fantasma» para el viejo «I Walked with a Zombie».

Cierto que así se estrenó acá en 1943, pero ya habría que corregir el detalle: no da lo mismo dormir que caminar, ni un fantasma que un zombie, y tampoco es cosa de dormir con un zombie (una queja bastante común de las mujeres respecto a sus maridos).

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