21 de abril 2008 - 00:00

Bafici: sólo 9 de 22 ganadores en la sala

Aunque el Atlas Lavalle no sea sinónimo de cine independiente, para la entrega de premios del Bafici fue, la noche del sábado, mejor que el patio seco del shopping que se estuvo usando en años anteriores. Había comodidad para sentarse, y hasta había asientos de sobra (como en ciertas funciones del festival que, sin embargo, ostentaban el cartel de localidades agotadas, un misterio a resolver).

Igual sigue siendo una entrega opaca y, además, sobre 22 premiados sólo concurrieron nueve. Por suerte estaba la ganadora mayor, la simpática mexicana Yulene Olaizola, cuyo agradable «Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo» (historias de una pensión ubicada en la esquina donde confluyen dos calles con esos nombres) se llevó los premios del público y del jurado al mejor film del certamen internacional.

También estaban sus paisanos Cárdenas y Guzmán, que recibieron una mención especial del jurado y un premio Signis por «Cochochi», sencilla aventura de niños campesinos que hablan mayormente en tarahumara (dato interesante, sus principales productores son los actores Gael Bernal y Diego Luna). El resto de los premios internacionales irá por correo, para «Night Train» (especial del jurado, actriz y mejor fotografía), «Ballast» ( mejor director, Signis, Fipresci), «Help me Eros» (actor, mención fotografía), «Profit Motive» y la argentina «Una semana solos» (mención especial para ambos).

Del certamen nacional fueron reconocidos «Süden» (premio Cronistas y mención especial del jurado oficial), «Lavallol» (Cine del Futuro), «Construcción de una ciudad» (mención Cronistas), «Unidad 25» (primer premio, lo que conlleva un acuerdo de estreno comercial en el shopping) e «Historias extraordinarias» (premio del público, aun cuando se mostró menos veces que sus competidores, y premio especial del jurado, que incluye la ampliación a 35 mm. para su estreno comercial, lo que hará sonreír irónicamente a los sponsors, los exhibidores y los vendedores de pochoclos -únicos beneficiados- ya que dura 245 minutos, sin contar los dos intervalos).

«Mi vida dentro», de la mexicana Lucía Gajá, y «Correction» tuvieron unas palmaditas en el hombro. Nada hubo, sin embargo, para las tres de mayor «riesgo artístico-bafícico»: «La orilla que se abisma» ( acercamiento a la poesía de Juanele Ortiz), «El sueño del perro» y «El cielo, la tierra y la lluvia». Son riesgos...

Un film visto en secciones paralelas, «Dal Polo all'Equatore», recopila diversas tomas del cámara, explorador, y productor de comienzos del pasado siglo Luca Comerio por el Polo Norte, la India, Noráfrica, Africa Ecuatorial y otros lugares hoy todavía exóticos. Tanto el catálogo como el programa de mano incluyen la misma frase supuestamente graciosa: «¡Muérete de envidia, Flaherty!», como si la ambición del otro hubiera sido acumular millas de navegación. Pero hay algo más.

Robert Flaherty se dedicó a filmar, con mucho respeto, la vida cotidiana de esquimales, isleños del Atlántico Norte y el Pacífico Sur, gente de un pantano, etc. El cine de Comerio, en cambio, mostró más bien a un fanático de la caza mayor, que iba seguido de sirvientes, encima tan chambón que nunca lo vemos matar un bicho al primer disparo, y eso que apuntaba de cerca. Así vemos agonizar osos polares, ñus, okapis, cebras, leones, y otros tantos que los lugareños lo pusieron a tiro. También vemos cómo los sirvientes cortan para trofeo del cazador blanco la cabeza y las patas de un rinoceronte apenas muerto. Nada que ver con Flaherty. Ese Comerio más bien es el padre cinematográfico del famoso sensacionalista Gualterio Giacopetti («Mondo Cane», «Africa, adiós», «Adiós, tío Tom», etc.). En fin, como decía Borges, todos somos ignorantes, sólo que de distintas cosas. Pero la Secretaría de Cultura de la ciudad debería cuidar mejor el contenido de sus publicaciones.

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