Una escena de la lograda adaptación del clásico de Maurice Maeterlinck, al que se ha despojado
de contenidos demasiado sombríos para el público infantil, sin hacerle perder su espíritu
de aventura.
«El pájaro azul» de M. Maeterlinck. Versión: M. Monteiro. Mús. Orig.: M. Bianchedi. Dir.: A. Padilla. Int.: V. Britos, D. Topa, A. Muxo, M. Buscaglia, E. de Sautu Riestra y elenco. Coreog.: J. Olivari y A. Padilla. Esc.: D. Feijoo. Vest.: C. Pineda. Luces: R. Traferri y M. Cuartas. (Teatro « Metropolitan».)
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En 1906, Maurice Maeterlinck escribió una extensa alegoría teatral sobre la búsqueda de la felicidad en un mundo materialista y desconectado de la naturaleza. El recordado autor belga -uno de los exponentes máximos del simbolismo y ganador, en 1911, del Premio Nobel de Literatura- utilizó el formato de los tradicionales cuentos de hadas para narrar las aventuras de dos niños, Tyltyl y Mytyl, hijos de un humilde leñador, que a pedido del hada Bérylune (aquí por la siempre eficaz Alicia Muxo) salen a buscar el pájaro azul de la felicidad para ayudar a una vecinita enferma.
Guiados por La Luz, los hermanos inician la travesía seguidos por sus dos mascotas (un perro y una gata en permanente litigio) y una serie de objetos y elementos (el azúcar, el pan, la leche, el agua y el fuego) que han sido humanizados por un sortilegio). Luego de enfrentar diversos obstáculos y enigmas Tyltyl y Mytyl regresan a su hogar para descubrir al fin que la verdadera felicidad estaba en el punto de partida. El viaje realizado les ha permitido ver cosas que antes no veían.
La obra tiene varios puntos en común con «El mago de Oz» y con otros relatos para niños, como «Hansel y Gretel», que también describen viajes iniciáticos. La adaptación de Marisé Monteiro, dirigida por Ana Padilla, ofrece una apretada síntesis del original. Algunos episodios fueron suprimidos, otros (como el reencuentro con los abuelos muertos) han perdido su carácter lúgubre. Pero en definitiva, la historia conserva su espíritu de aventura y puede ser leída con claridad aún por los más chicos.
Llevar a escena una versión completa del «El pájaro azul» sería una tarea ciclópea; no sólo por los altos costos de producción (la mayor parte de las escenas se desarrollan en ambientes fantásticos, oníricos y retro-futuristas), sino también por la naturaleza de sus contenidos, demasiado sombríos para un público infantil.La directora Ana Padilla logró una armoniosa conjunción de todos los rubros, respaldada por talentosos intérpretes y una agradable banda musical. Valeria Britos y Darío Topa aportan simpatía y frescura a sus roles infantiles, aunque a decir verdad el protagonismo del espectáculo termina quedando en manos de la bulliciosa banda integrada por animales, elementos y cosas. Sus alegres caracterizaciones se ven realzadas por un vestuario muy acorde a cada identidad.
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