Portada del último libro de Aldo Sessa, dedicado a las estancias. Una larga trayectoria documentando el país en imágenes.
Aldo Sessa ha homenajeado a la Argentina a través de «Mágica Buenos Aires», «Argentina desde el Agua, el Aire y la Tierra», «Gauchos», « La Patagonia», «Tango», «El Teatro Colón», árboles, barrios, artistas, en no menos de 30 libros. Un homenaje más es el libro que acaba de editar «Estancias-Palacios Criollos de Argentina», un viaje por 22 estancias que comienza en la Hacienda de San Francisco de Yavi (Jujuy).
Aquí se encuentra la iglesia terminada en 1693 que conserva maravillosas reliquias artísticas, entre ellas, retablos y tallas de la escuela cuzqueña. Sessa logra meternos en el paisaje árido de la Hacienda de Tumbaya, también en Jujuy, con sus muros de adobe, interior monacal en el escenario natural de la Quebrada de Humahuaca.
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Algunas de estas estancias fueron testigos de hechos históricos como el caso de La Calavera en el Valle de Lerma ( Salta). Ruta obligada hacia el Alto Perú y La Pampa, por allí pasó Martín Güemes y Felipe Varela acampó cuando se rebeló contra la Guerra del Paraguay. Pampa Grande está situada en Salta, en tierras que pertenecieron a diaguitas y calchaquíes, y actualmente es uno de los más importantes establecimientos agropecuarios de la provincia. Aún se encuentran pinturas rupestres, cerámicas, urnas funerarias, objetos de culto, textiles, «caricantinas» (delantales de cuero usados en arreos) que Sessa ha fotografiado minuciosamente así como la luz casi enceguecedora del paisaje.
Santa Catalina en Totoras (Córdoba) pertenece a la misma familia desde hace 230 años. «La Casa de los Díaz», como se la conoce, tiene su origen hacia 1622 cuando los jesuitas comenzaron a hacer de Santa Catalina, «la mejor y la más hermosa» de sus estancias. La iglesia, comenzada en 1659, es uno de los templos mejor conservados de la época y la lente de Sessa ha captado la serena y blanca belleza de esta construcción del siglo XVII. • "La Paz"
Si de belleza se trata ahí está «La Paz» en Ascochinga, un lugar paradisíaco que heredó Clara Funes, esposa de Julio A. Roca. Hacia 1890, éste reconstruyó la casa y el diseño del parque estuvo a cargo del paisajista francés Carlos Thays. Las fotos transmiten la armonía y la serenidad del lugar en el que Roca encontró refugio. En San Rafael, Mendoza , se asentaron colonos suizos, italianos y franceses. Los Alamos data de 1805 y es un ejemplo de construcción fortificada, paredes gruesas, rejas y fosos, a causa de la invasiones violentas de aborígenes, las guerras de la independencia y el bandolerismo.
La escritora Susana Bombal, su heredera, la transformó en lugar de encuentro de artistas y escritores, entre ellos, Mujica Láinez, Soldi, Basaldúa. Recientemente se ha plantado el Laberinto Homenaje a Borges, un diseño de Randoll Coate, autoridad mundial en la materia.
San Juan Poriahú (San Juan Pobre), en tierra de guaraníes, también fue elegida por los jesuitas que levantaron sus casas entre 1635 y 1650. Un paisaje diferente al de otras regiones del país, en ese entonces, 60.000 hectáreas de esteros poblados de yacarés. Varias páginas están dedicadas al lujo, la opulencia del Palacio San José, una demostración de cómo Urquiza fue un visionario en la aplicación de nuevas técnicas de construcción que empleó artistas y artesanos extranjeros y su resultado es la mezcla de renacimiento italiano, colonial español y vernáculo que ostenta. En sus paredes cuelgan cuadros de Blanes que también pintó los frescos de la cúpula de la capilla.
De las opulencias del norte, del centro del país o de la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, La Porteña en San Antonio de Areco, Villa María en Luján, La Biznaga en Roque Pérez con su parque de 30 hectáreas, Acelain en Tandil, la cámara de Sessa refleja la labor de aquellos pioneros que se atrevieron a plantar raíces en tierras neuquinas.
Mamuil Malal (corral de paloa pique) cuya historia se remonta a 1892 y que continúa a través de 5 generaciones en la misma familia. El paisaje austero, inhóspito, desolado, la construcción de estilo fueguino, techos aireados de chapa acanalada traídos de Inglaterra aparece en José Menéndez (Tierra del Fuego), Harberton (Usuahia), la estancia más antigua de la parte argentina de la isla.
Este libro, además de admirar y sentir paisajes diversos así como arquitecturas pioneras en muchos casos, de carácter modesto pero de hondo contenido espiritual, permite valorar el respeto por la tradición, repasar trozos de la historia, aprender costumbres de los hombres de campo, sus vestimentas, ampliar el vocabulario tan ajeno a los habitantes de la urbe ya que cada estancia va acompañada de un documentado texto, tarea que estuvo a cargo de Elsa Insogna. Esta edición se imprimió en octubre de 2004 en la China.
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