20 de diciembre 2006 - 00:00

Berlín: una función "política" de Mozart

La directora de la Deutsch Oper junto al ministro del Interior y otras autoridades alemanasla noche de la reposición de la versión de «Idomeneo», levantada en setiembre por temora que una polémica escena desate la violencia integrista.
La directora de la Deutsch Oper junto al ministro del Interior y otras autoridades alemanas la noche de la reposición de la versión de «Idomeneo», levantada en setiembre por temor a que una polémica escena desate la violencia integrista.
Berlín (EFE y Especial)- La reposición de una polémica versión de la ópera «Idomeneo» en la capital alemana se convirtió en un hecho político, del que participaron el ministro del Interior Wolfgang SchTMuble, el alcalde de Berlín, Klaus Wowereit, el titular de Cultura, Berd Neuman, y el presidente del Parlamento Federal ( Bundestag), Norbert Lammert, entre otras autoridades. El reestreno en una Deutsche Oper fuertemente custodiada por personal policial, de esta ópera de Mozart protagonizada por el tenor argentino Raúl Giménez y versionada por el veterano director teatral alemán Hans Neunfels (quien añadió un epílogo en el que el rey de Creta aparece con las cabezas decapitadas de Mahoma, Jesús, Buda y Neptuno, que fue la piedra del escándalo), fue calificado por el alcalde como «una manifestación política en favor de la libertad del expresión».

La ópera fue retirada en septiembre de la programación por la directora del teatro Kirsten Harms, por temor a la violencia integrista musulmana, ya que como sugería un informe policial que se demostró exagerado, seguir con la representación suponía un «riesgo incalculable» para la seguridad en Alemania.

  • Acción forzada

  • Lejos del optimismo de sus pares, el ministro de Cultura Berd Neuman declaró el domingo, cuando se disponía a entrar al teatro, literalmente taponado por cientos de cámaras y periodistas de todo el mundo, que seguía considerando forzada la representación. «Esto era absolutamente innecesario», afirmó Neumann suscribiendo así la opinión de la directora de la Deutsche Oper, para quien «Idomeneo», vuelve a la programación «porque así lo quieren los políticos».

    Minutos antes de que comenzara la función, Harms posó con el ministro del Interior SchTMuble para una foto obligada ante los periodistas, pero en el teatro se sentó en un palco alejado de la tribuna de personalidades. La directorae respondió con esasutileza a los duros ataques que recibió de la clase política, especialmente de SchTMuble y Wowereit, tras anunciar en septiembre que cancelaba la ópera de Mozart.

    Hans Neunfels, el director de ópera ofendido, no acudió como se esperaba a la representación y tampoco hubo una presencia masiva de los líderes musulmanes de la llamada conferencia islámica alemana, a quienes SchTMuble invitó personalmente a la ópera como prueba de integración y tolerancia.

    Según fuentes de la Deutsche Oper sólo nuevelíderes musulmanes de los cincuenta que integran la conferencia acudieron al teatro, que desde primeras horas de la tarde fue rodeado por la policía y numerosas unidades móviles de televisión.

    Dos de esos nueve, de origen turco, llegaron al teatro poco antes de comenzar el segundo y último acto de «Idomeneo» (el acto de la polémica), en el momento más esperado de la representación, de aproximadamente tres minutos, sólo se oyó en el patio de butacas una voz gritando «¡basta!».

    Las fuertes medidas de seguridad adoptadas de forma cautelar por las autoridades de Interior hicieron que la representación comenzara con media hora de retraso.

    En las tres puertas de acceso al teatro se instalaron detectores de metales y pese al creciente retraso y las grandes colas, todos los hombres fueron uno a uno invitados a vaciar sus bolsillos y las mujeres a abrir sus carteras y a activar y desactivar los celulares. En el interior de la sala, la presencia policial, aunque sin ser ostentosa, se mantuvo durante toda la representación con agentes apostados en los pasillos laterales del patio de butacas.

    Al final, como era obligado, se oyeron aplausos a la rebelión contra los dioses que propone Neunfels en esta puesta, abucheada cuando se estrenó en marzo del 2003, a la orquesta, que estuvo dirigida por Ralf Weikert, y a todos los cantantes.

    Hubo aplausos al tenor argentino Raúl Giménez (Idomeneo) «pese a las limitaciones con los agudos» que le reprocha la crítica, a la mezzo japonesa Mihoko Fujimura aunque su timbre es más wagneriano que mozartiano y, muy especialmente y con gran merecimiento en este caso a la soprano Nicole Cabell por su brillante interpretación cono Ilia, princesa troyana.

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