20 de diciembre 2006 - 00:00
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La directora de la Deutsch Oper junto al ministro del Interior y otras autoridades alemanas
la noche de la reposición de la versión de «Idomeneo», levantada en setiembre por temor
a que una polémica escena desate la violencia integrista.
Según fuentes de la Deutsche Oper sólo nuevelíderes musulmanes de los cincuenta que integran la conferencia acudieron al teatro, que desde primeras horas de la tarde fue rodeado por la policía y numerosas unidades móviles de televisión.
Dos de esos nueve, de origen turco, llegaron al teatro poco antes de comenzar el segundo y último acto de «Idomeneo» (el acto de la polémica), en el momento más esperado de la representación, de aproximadamente tres minutos, sólo se oyó en el patio de butacas una voz gritando «¡basta!».
Las fuertes medidas de seguridad adoptadas de forma cautelar por las autoridades de Interior hicieron que la representación comenzara con media hora de retraso.
En las tres puertas de acceso al teatro se instalaron detectores de metales y pese al creciente retraso y las grandes colas, todos los hombres fueron uno a uno invitados a vaciar sus bolsillos y las mujeres a abrir sus carteras y a activar y desactivar los celulares. En el interior de la sala, la presencia policial, aunque sin ser ostentosa, se mantuvo durante toda la representación con agentes apostados en los pasillos laterales del patio de butacas.
Al final, como era obligado, se oyeron aplausos a la rebelión contra los dioses que propone Neunfels en esta puesta, abucheada cuando se estrenó en marzo del 2003, a la orquesta, que estuvo dirigida por Ralf Weikert, y a todos los cantantes.
Hubo aplausos al tenor argentino Raúl Giménez (Idomeneo) «pese a las limitaciones con los agudos» que le reprocha la crítica, a la mezzo japonesa Mihoko Fujimura aunque su timbre es más wagneriano que mozartiano y, muy especialmente y con gran merecimiento en este caso a la soprano Nicole Cabell por su brillante interpretación cono Ilia, princesa troyana.




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