Las ambiguas e intensamente coloridas obras de Carlos
Bissolino seducen al espectador que se detiene a contemplarlas
y lo invitan a reflexionar sobre la hoy vapuleada pintura
a secas.
En la obra de Carlos Bissolino (Buenos Aires, 1952), siempre ha habido un elemento inestable, por ejemplo, una mesa de tres patas, la forma de una de ellas desafiando el equilibrio; mesa con «patas caminantes»; una paleta de pintor; una canoa. Estos aparecían flotando en uno de los planos convirtiendo así el espacio desolado en un mundo ambiguo por su sola presencia. Bissolino arma este mundo ilusorio ante el cual uno puede detenerse para contemplarlo y quizás reflexionar acerca de la pintura-pintura, no en vano este artista realizó estudios con Luis Felipe Noé y en la Academia San Giacomo de Roma , ciudad en la que vivió seis años hasta su regreso a Buenos Aires en 1988.
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Esto lo sitúa nadando contra la corriente, en general, desvaída en cuanto a cómo abordar una disciplina a la que de tanto en tanto se quiere suplantar por otras hoy consideradas más sofisticadas. Paisajes, bosques, rocas, una estructura que se repite a través de una huella que divide el espacio. A este lo llena de manchas rojas, intensos azules, verdes opulentos, en fin, estamos ante la seducción que provocan. ¿Un cambio, quizás, de ideas y sentimientos?. Como lo señaló Picasso, «ocurra lo que ocurra, quedan aprisionados, ya no podrán evadirse del cuadro». Galería Wussman (Venezuela 570).
Dimas Allende ( Mendoza,1957), pertenece a la generación intermedia de creadores que ha enriquecido el panorama artístico mendocino. Esto ha sido apreciado en Buenos Aires gracias a «Argentina Pinta Bien», un proyecto conjunto entre el Centro Cultural Recoleta y Repsol YPF en 2005 en el que participó este artista, además de diversas muestras individuales y colectivas. Entre sus Premios se encuentra el de la Fundación Osde (2004) y el Premio Estímulo Fundación Banco Nación.
Actualmente Dimas Allende realiza su primera muestra individual en Buenos Aires en la que aborda el tema del dinero, tangencialmente tratado en nuestra pintura. Sus técnicas mixtas tienen como fondo la imagen del billete con los retratos de San Martín, Belgrano, Sarmiento, Roca, cifras con muchos ceros y los nombres de los bancos, todo borroso. Es evidente que intenta enfatizar la degradación de un elemento esencial de nuestra vida cotidiana, que en sí mismo, no tiene valor alguno. Es más, ha sido degradado en varias oportunidades. Sin embargo, no importa su denominación, se levanta y sigue hasta el próximo embate. En realidad, una metáfora del sufrido ciudadano que no tiene ni voz ni voto en estas cuestiones.
Dimas Allende apela al humor para rescatarlo. La serie «Paredes», qué otra cosa para empapelar..., «Nuestra chica del Millón», el pan y el circo de «Con Título» o aquellas en las que el billete se escurre por una rejilla. En el texto de presentación, Graciela Distéfano señala que «las imágenes se animan a planteamientos actuales...a las turbias preguntas que corroen... y que ojalá seamos capaces de formular». Sí, están ahí, presentes como a lo largo de nuestra historia política, económica y social. Dudamos de que algún día tengan respuesta; mientras tanto están los artistas. Galería Aldo de Souza. (Arenales 966). Cierra el 15 de diciembre.
Entre abril/julio de 2003 y mayo de 2004, Fermín Fevre escribió tres prólogos para Daniel Corvino, Amalia Bonholzer y Liliana Golubinsky, amigos y discípulos de sus clases de filosofía, para una exposición conjunta prevista para principios de 2005 y que no pudo llevarse a acabo debido al trágico fallecimiento del destacado crítico de arte.
Titulada «Confluencia», la muestra que actualmente se exhibeen el MACLA, es un homenaje a Fevre, su juicio crítico, su sentir, contrario a las corrientes hegemónicas, al pensamiento único, a la complacencia, a la aceptación del «todo vale» y a la tiranía del mercado homogeneizador. Como lo destaca Norberto Griffa en el prólogo del catálogo, «están unidos por esta forma de pensamiento y realizan su ofrenda desde lugares y espacios artísticos muy diferentes».
Corvino registra la violencia del reclamo callejero, hecho cotidiano que ha modificado nuestro paisaje urbano, primeros planos de multitudes y las secuelas de su paso por las calles de la ciudad por medio de un intenso cromatismo contrastante de azules y rojos partidarios de gran efecto. Bonholzer integra pintura, fotografía, en general en una paleta baja, superficies matéricamente muy elaboradas, con el agregado de palabras que señalan, solitarias, su preocupación por el destino del hombre y la naturaleza.
En cuanto a Golubinsky, presenta obras de distintos períodos en los que se caracterizaba por la fragmentación hasta las actuales en las que la fragilidad de las situaciones es protagonista, seres que parecen buscar un lugar en el mundo sin poder encontrarlo. Al comienzo del texto Griffa pregunta: ¿por qué estas «fluencias»confluyen en Fevre? Seguramente porque comparten con su maestro «la iluminación perceptiva que nos deparan las obras de arte». Hasta el 15 de diciembre. MACLA (Centro Cultural Pasaje Dardo Rocha. La Plata).
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