En especial, sabe enseñarles a sus hijos a estar unidos, a darse maña por sí mismos, a tener el orgullo de inventarse un trabajo, si no se lo ofrecen, y ganarse el jornal sin andar llorando miseria ni caer en la subsidiodependencia. Y bien que se las arreglan los muchachos, y la hija, que sólo protesta cuando el padre no la deja aprender boxeo. Estos personajes son reales, y conforman una dinastía de gente auto-suficiente, que vive de un modo semisalvaje si se quiere, pero en algunos aspectos también de un modo envidiable, al borde del camino, a muy pocos minutos de la gran ciudad.
Y éste es un documental, un tanto curioso y algo humorístico, que los sigue, con cierta complicidad, registrando queha-ceres, charlas, picardías, algunas cosas que pueden molestar pero que corresponde a la pintura de los personajes, como por ejemplo cuando rematan una liebre a los golpes, y otras cosas que divierten a todos, en especial el modo en que la familia se las ingenia, con mucha paciencia, para cazar loros poniendo pinceladas de cola en los alambrados, una especie de reivindicación de