25 de marzo 2002 - 00:00
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Tom Cruise (a quien, en la confusión del vértigo televisivo, el conductor local Juan Castro anunció en un primer momento como Whoopi Goldberg) tuvo anoche a su cargo la presentación de la 74a. ceremonia de la entrega de los premios Oscar en la Academia de Hollywood. Cruise aludió a los atentados del 11 de setiembre, y dio inicio a la ceremonia entrevistando a gente del común, grabada, que daban sus impresiones sobre lo que el cine representó en la vida de cada uno de ellos. Fue demasiado extenso y anticlimático.
Benicio del Toro fue el encargado de entregar el primer Oscar de la noche, que le correspondió a Jennifer Connelly en el rubro Mejor Actriz de Reparto por su papel de la torturada esposa del científico John Forbes Nash Jr. en «Una mente brillante».
Will Smith, a continuación, anunció que el Oscar al Mejor Montaje era para el italiano Pietro Scalia por su trabajo en «La caída del Halcón Negro», y de inmediato Peter Owen y Richard Taylor recibieron el correspondiente a Mejor Maquillaje por su realmente espectacular trabajo para «El señor de los anillos», la primera parte de la futura trilogía cinematográfica sobre la novela de J.R.R. Tolkien.
A continuación hubo una sorpresa histórica: Woody Allen, acérrimo enemigo de los premios Oscar, apareció por primera vez en la historia en ese escenario: «Me llamaron de la Academia de Hollywood. Yo entré en pánico porque pensé que me querían pedir de vuelta los Oscar que me habían dado. O si no, tal vez, como días atrás le di una limosna a un mendigo, la Academia me quería dar el premio humanitario Jean Hersholt. Pero no. En realidad, considerando los terribles atentados del año pasado, y en homenaje a la ciudad de Nueva York, la Academia me pidió que presentara una secuencia de películas que habían sido filmadas en Nueva York. Por esa ciudad que tanto amo, entonces, me puse el smoking y aquí estoy».
Jim Broadbent, el excelente actor inglés de «Topsy Turvy», se quedó con el Oscar al Mejor Actor de Reparto por su papel en «Iris», un film aún no estrenado en la Argentina sobre la vida de la escritora Iris Murdoch.
Denzel Washington entregó el Oscar honorífico a Sidney Poitier por su trayectoria en el cine y por su papel pionero en la valoración de los actores afroamericanos.




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