La Scala de Milán fue reciclada por el arquitecto suizo Mario Botta, siguiendo su apotegma que dice que «toda obra es un diálogo entre el edificio y su territorio circundante».
En su destacada trayectoria, el arquitecto suizo Mario Botta (1943), no sólo ha realizado numerosas obras en su tierra, en el Cantón de Tesino, uno de los veintitrés que integran la Confederación Helvética, sino también importantes proyectos en ciudades de todo el mundo. Vino a Buenos Aires por primera vez, en 1980, con motivo de una muestra de su arquitectura organizada por el Centro de Arte y Comunicación (CAYC).
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Luego como participante de la Bienal Internacional de Arquitectura en varias ediciones desde la primera en 1985 hasta la de 2005. Buenos Aires es, además, la primera ciudad latinoamericana que contó con una creación de Botta: el edificio central de la Banca Nazionale del Lavoro, Florida 32.
Entre sus últimas obras, se destaca su Nuevo Casino en Campione, Italia (2006), ubicado en un área de grandes diferencias geográficas y arquitectónicas: a un lado, la vieja ciudad y hacia el otro, los desarrollos más recientes. El Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Rovereto (2002), en Trento, Italia, se caracteriza por una amplia plaza con forma circular que se convierte en el corazón del complejo y conecta con el espacio público, la cafetería, el restaurante y la librería. El gran volumen del museo, donde se expusieron artistas argentinos, no se distingue a primera vista porque se encuentra parcialmente bajo el nivel del suelo.
Ubicado en un punto alto con respecto a otros edificios de la zona, el Museo de Arte de Seúl, (2004), se convierte en un hito que representa la nueva urbanización propuesta por la Fundación Samsung, a la que se suma la rica connotación simbólica de los árboles en la parte superior del techo (un leitmotiv que utiliza Botta en muchas de sus obras).
La tipología del edificio de oficinas de la Torre Kyoto, también en Seúl, Corea del Sur (2003) define el diseño completo del espacio interior cuya concepción arquitectónica permite un máximo de flexibilidad en la organización de los espacios. Se destacan las fachadas con paneles de ladrillos rojos que cubren la estructura de acero reforzada con concreto.
Entre sus últimos trabajos vinculados a lo religioso construyó la iglesia Papa Juan XIII (2004), en Seriate una pequeña ciudad al sur de Bérgamo en el norte de Italia; y la iglesia Santo Volto en Turín (2006), cuyo plano heptagonal está rodeado por siete torres conectadas a los cuerpos más bajos de las capillas.
La larga trayectoria de Botta en esta tipología se remonta al 25 de abril de 1986, cuando una avalancha de nieve y lodo redujo a escombros una parte de la aldea de Mogno, en el valle de Maggia, al Oeste del cantón de Tesino. El violento alud derribó, entre otras, la pequeña iglesia del lugar, que databa del siglo XVII, y su alto campanario, erigido en el XVIII. Cuatro meses más tarde, convocado por la comisión de vecinos que llevaban adelante la campaña de reconstrucción del templo, visitó Mogno porque dicha comisión quería que diseñara la nueva iglesia. «Acepté ocuparme de este proyecto con entusiasmo y con emoción. Me hizo redescubrir la alegría de ser arquitecto, el placer de obrar, de remodelar el espacio de la vida humana, en la eterna confrontación con las fuerzas de la Naturaleza. Por un instante, sentí toda la virtud positiva que encierra esta simple palabra: construir», escribió Botta.
Su primera obra, en 1960, fue una vivienda en la localidad de Morbio Superior y poco después realizó la Casa Parroquial de Genestrerio (1963). Ya en la vivienda de Cadenazzo (1971), Botta estableció, verdaderos instrumentos de arraigo. Sus casas se sumaron al paisaje y a la vez lo completaron.
Trabaja con cuerpos geométricos: el cubo; el prisma rectangular; la planta triangular o pentagonal; el cilindro. Estos volúmenes entablan relaciones con las geometrías de sus claraboyas triangulares o curvadas, de sus vanos circulares, cuadrados y rectangulares, y aun de sus muros, a veces ondulantes o entrecortados. El ladrillo, la piedra y los pequeños bloques de hormigón revisten estos cuerpos con amplios interiores, en los cuales vuelven a sucederse las formas geométricas y las materias nobles con un aprovechamiento deliberado e intensivo de la iluminación natural.
Hay ya en aquellos años una continuidad entre la arquitecturaresidencial y la educativocultural que después culminará en sus proyectos litúrgicos en Suiza e Israel. En todos ellos busca «un equilibrio entre el elemento artificial diseñado por el hombre y el contexto en que ese elemento es implantado», porque la obra «es ante todo un momento de comparación y diálogo entre el nuevo edificio y su territorio circundante». De ahí el célebre apotegma urbano de Botta: «En nuestros días sólo caben dos posibilidades: construir para la ciudad o contra ella». Así fue como recicló el Teatro Scala de Milán en 912 días del 2002 al 2005. Fue el resultado de la creatividad de un diseñador que los hombres de la Argentina tendrían que considerar cuando se dialogue sobre el Teatro Colón (sin resolver hace años).
Botta fue convocado por su capacidad y sus antecedentes, entre ellos, la Casa de la Cultura «André Malraux» (1987), de Chambéry, Francia. Consistió en reacondicionar un antiguo edificio napoleónico de forma cuadrada -un vasto patio de armas ceñido por cuatro galerías- y en erigir una sala de 900 localidades. Botta proyectó para el teatro un cuerpo semicircular, adosándolo, girado, a uno de los frentes del cuartel. La continuidad que estableció entre ambos volúmenes geométricos -el patio del cuartel que sirvió de atrio y una de las galerías por la que se accede a la sala y demás ámbitos del teatro- diluye las diferencias arquitectónicas y valoriza, ordenándola, la confusa trama urbana del lugar.
El Banco del Gotardo, de Lugano, supuso también una variación en la tipología y, a la vez, un nuevo modo de articular las dimensiones y formas urbanas. Botta abandonó en ella la neutralidad por considerar que se habían terminado las construcciones bancarias como refugios materiales. La sede de la Unión de Bancos Suizos, en Basilea, es semicircular y así consolidó la gran arteria donde se construyó, y al mismo tiempo, sirve como pórtico de acceso al antiguo tejido histórico de la ciudad.
La Galería de Arte Wutari-Um de Tokio, también ostenta una tapa-fachada, que destaca el edificio sin hacerlo competir con los inmuebles vecinos. El Museo de Arte Contemporáneo de San Francisco opone, a la variedad circundante, un frente sólido con la típica fachada de ladrillos y la dinamiza con la clara distribución de los espacios internos. Todos ellos vinculados a una cavidad central coronada por una lucarna cilíndrica truncada, que emerge de la cubierta y distingue el edificio.
Botta, vivió su infancia y su adolescencia en Mendrisio -donde nació- y Genestrerio, al Sur del Tesino, una zona fronteriza con Italia, que empieza en el Lago de Lugano y presenta una faja central llana -en la cual se levantan esas dos poblaciones-, escoltada por montañas al Oeste y al Este. Su obra crece, por lo tanto, en un medio urbano de escala reducida, mediatizado por la Naturaleza gigantesca. De ahí su interés por «recuperar la idea del habitar, que era un modo de ligarse a la tierra, a la comunidad».
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