ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

31 de agosto 2006 - 00:00

Buen film sería aun mejor con algo de malicia

ver más
Sofacama» equilibra adecuadamente una historia de sutilezas, pero algunas de sus situaciones ganarían eficacia si fueran abiertamente graciosas e incluso más picantes.
«Sofacama» (Argentina, 2006, habl. en español). Dir.: U. Rosell. Guión: U. Rosell, S. Roselli. Int.: M. Piroyansky, M. F. Callejón, C. Roth, J.P. Garaventa, N. Condito, P. Condito, J. Minujin, C. Valverde, M. A. Blanco.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Ha querido el director de esta película manejar una historia de sutilezas, de difícil equilibrio, y lo consiguió, aunque quizás el público hubiera agradecido también que se desbarrancara unos metros, que las situaciones que pinta fueran no sólo creíbles, sino también abiertamente graciosas, e incluso más picantes. El asunto lo hacía posible, pero esta vez la malicia sólo se manifiesta desde la butaca, cuando se ve cómo un sofá puede convertirse en cama. Es un modo de plantear las cosas.

La historia muestra la vida cotidiana de tres hermanos en distintos niveles de adolescencia, desde el casi niño, todavía comprador, inocente, hasta el fastidioso que ya podría portarse como un hombre, pasando por el típico que no es ni una cosa ni la otra, inteligente, inexperto, naturalmente torpe y con naturales tentaciones que sólo controla por buena educación, y porque si se le llega a ir la mano por donde se le está yendo, con la amiga de la madre ahí dormida cerca suyo, tan apetecible y confiada, lo que va a sentir es la mano de la madre, en forma de sopapo.

Medio liberal, medio controladora, totalmente desordenada y siempre rezongona, esa madre bien podría quitarle el edipo a cualquier hijo. Pero los tres la quieren, o la soportan cariñosamente. Lo que pasa es que la amiga, que por ahí juega con ellos como si fuera una criatura más, ah, eso es otro cantar. El asunto es cómo cantar a dúo, sobre todo cuando ella está más bien absorta en su propio rollo respecto al marido, y registra al chico apenas como a un chico, y a la dueña de casa como medio hincha.

Buena pintura de cierto tipo de familia, de ciertas amistades, y de algunas formas de crecimiento, la película privilegia precisamente eso, la pintura, por encima de la narración, que muchas veces se queda en amagues sin remates, o al menos sin remates en el sentido habitual del término, aunque en el desenlace veamos que pasaron unas cuantas cosas. Para destacar, el modo en que se lucen, sin molestarse, distintas formas de actuación, tal como en la vida real hay también distintas formas de ver y de expresarse. Por supuesto, la atención se centra en María Fernanda Callejón y Martín Piroyansky, muy bien ambos, pero cada miembro del elenco tiene su momento. Y dan ganas de más.

P.S.

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias