28 de febrero 2006 - 00:00

Buen inicio 2006 del grupo del San Martín

Imagen de «Cuatro estaciones de Buenos Aires», una de las dos obras de Mauricio Wainrot que integran el primer programa del año del siempre excelente Ballet Contemporáneo del San Martín.
Imagen de «Cuatro estaciones de Buenos Aires», una de las dos obras de Mauricio Wainrot que integran el primer programa del año del siempre excelente Ballet Contemporáneo del San Martín.
E l primer programa 2006 del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, que dirige Mauricio Wainrot, incluye tres reposiciones. El tango y el jazz son el soporte sonoro para dos creaciones del director de la compañía y el bolero el de la coreógrafa Ana María Stekelman, en trabajos de indudable repercusión popular.

El primero es «Cuatro estaciones de Buenos Aires», una obra de 2004 que forma parte de la obra integral «Ocho estaciones» donde se mixturaban las cuatro de Piazzolla con las cuatro de Vivaldi. De esta unión algo se puede percibir todavía en la música que acompaña al verano porteño, primera parte de esta propuesta de Wainrot. Más atento a la abstracción que a la referencia documental de la danza tanguera, Wainrot se vale de estas partituras camarísticas de Astor Piazzolla, que ilustran las cuatro estaciones, para diseñar otros tantos cuadros de sutiles cambios de carácter según la tonalidad espiritual de cada uno de los períodos.

Su lenguaje como siempre resulta fluido, de formas muy abiertas y expansivas y refieren constantemente a la pareja, que se concreta luego del enfrentamiento por sexos y por grupos. Tal polarización determina que los roles solistas sean jugados siempre como «pas de deux», un poco a la manera de la danza clásica. Los azules y grises del vestuario de Carlos Gallardo, convenientemente iluminados completan la idea de una danza que sólo en ocasiones trae reminiscencias del dos por cuatro.

«Cuatro Janis para Joplin»,
también de Wainrot, con música de la cantante estadounidense fallecida de una sobredosis de herorína en 1970, y de Gerswhin, resulta un homenaje a Joplin, y ahora también a Freddy Romero, bailarín y maestro que perteneció al Ballet Contemporáneo y que murió el pasado enero. Cinco bailarinas suman carácter y movimientos de violencia visceral para reproducir de manera fiel la peculiar voz y entonación blusera de Joplin. En estos cuatros fragmentos coreográficos que documentan la incertidumbre y la búsqueda de respuestas de una vida traspasada por el sufrimiento y la soledad. Muy buen trabajo de las bailarinas Irupé Sarmiento, Ana Clara Gossweiler, Bettina Quintá, Analía Kispal y Margarita Wolf.

En cuanto a «Bésame», digamos que es un divertimento construido por Ana María Stekelman sobre el bolero de Consuelo Velásquez, «Bésame mucho». Distintas versiones vocales (hasta una de Plácido Domingo y Paloma San Basilio) e interpretaciones rítmicas de la conocida canción ofrecen campo a la coreógrafa para elaborar una humorada, con algo de clownesco donde se trata de mirar críticamente tanta almibarada obsecuencia amorosa. Eficaces los diseños de vestuario de Renata Schussheim tanto como las luces de Eli Sirlin, que visten e iluminan a un conjunto que se divierte y goza con esta danza de hálito posmoderno.

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