23 de marzo 2006 - 00:00

Buena "Bohème" en apertura del Colón

Angela MaríaBlasi (Mimí) yMassimilianoPisapia(Rodolfo)fueron doscorrectosprotagonistaspara el dramapuccinianoque inició latemporada delColón.
Angela María Blasi (Mimí) y Massimiliano Pisapia (Rodolfo) fueron dos correctos protagonistas para el drama pucciniano que inició la temporada del Colón.
«La Bohème». Opera en cuatro cuadros. Mus.: G. Puccini. Lib.: Illica y Giacosa. Dir. Mus.: S. Lano. Régie: W. Landin. Esc.: T. Egurza. Vest.: D. Taiana . Ilum. : J.L. Fiorrucio. Coro Estable (Dir.: S. Caputo). Coro niños (Dir.: V. Sciammarella). Orq. Estable. (Teatro Colón). Gran Abono. 21 de marzo.

La clásica historia de amor de Mimí y Rodolfo, rodeados por el halo de París de 1830 y un entorno de artistas bohemios, constituye el eje principal de esta ópera de Giacomo Puccini, sustentada en bellas melodías, hermosas arias y una gran escena coral en el segundo cuatro. Por supuesto que estas criaturas surgidas de la imaginación de Henri Murger, el autor de «Scènes de la vie de bohème» en que se basa el libreto, tienen historias colaterales que documentan la ética y las características de una sociedad, a tal punto que una interpretación contemporánea de los hechos (como ocurre en «Rent») detectan enfermedades de origen sexual, prostitución, homosexualidad, miserias varias y los indicios de una comunidad con signos de enfermedad moral y física. Con esta ópera, el Teatro Colón acaba de iniciar su temporada lírica, logrando un éxito considerable. Dirigida por Stefan Lano, la Estable del Colón interpretó la compleja orquestación pucciniana con cuidado formal. La labor de Lano es intensa, visceral y llena de comunicatividad, y configura un nuevo y notable eslabón en su residencia en el Colón.

Willy Landin
, responsable de la régie, parece haber olvidado su estética de «comic» y su intento de ópera «trash» que aplicó en el «Barbero» del año anterior, y diseñó un desenvolvimiento teatral lógico y coherente sin apartarse de la época original. Un aplauso en el comienzo del segundo cuadro, luego de que el escenario giratorio muestra a los espectadores la rutilancia de un París de fiesta, le dan la pauta al régisseur sobre qué es lo que prefiere el público del Colón, por lo menos el del Gran Abono.

Visualmente el espectáculo es bello y fluctúa entre el realismo, el romanticismo y el impresionismo. Egurza en la escenografía y Taiana en el vestuario contribuyeron a una visión tradicional de la ópera de Puccini, y es muy posible que hayan tenido en cuenta la producción de Benois que el Colón poseyó por muchos años y fue uno de sus mejores trabajos de repertorio. Las luces de Fiorruccio crearon ese mundo de sensaciones e impresiones que rodean a la historia, como en el cuadro tercero.

Un elenco eficaz, sobre todo si se olvidan versiones históricas en este mismo teatro (Pavarotti, Freni, etc.) y los brillantes registros discográficos, tuvo a su cargo la première.

Massimiliano Pisapia
fue lo mejor. El tenor turinés cantó con bello registro y fue emotivo en su actuación. Angela María Blasi resultó una apta Mimí que fue enriqueciendo su canto y actuación a lo largo de la representación. María José Siri, Gustavo Gibert, Leonardo Estévez y Carlos Esquivel fueron hábiles en la resolución musical y escénica de sus personales. Comprimarios, Coro Estable y de Niños estuvieron a la altura.

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