20 de marzo 2007 - 00:00
Burnett, un rebelde que se lleva bien con Hollywood
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Charles
Burnett: «el
enemigo no es
Hollywood,
sino la gente
que no sabe lo
que hace pero
tiene títulos
habilitantes».
P.: ¿Hollywood es el malo de la película?
C.B.: El verdadero enemigo es el que no sabe lo que hace. Un ejemplo: en un film para Oprah Winfrey, justo el último día de rodaje, un influyente con chapa de licenciado en literatura inglesa quería que desarrolláramos la relación entre dos personajes sin relevancia, e insistía en eso, sin comprender que alteraba la producción y también el ritmo y equilibrio de la historia. Encima ni sabía escribir la escena. Muchos tienen título y no saben contar una historia. Otros no advierten cuestiones raciales básicas.
P.: ¿Cómo le fue en Namibia?
C.B.: Es lindo, sufrido, aún guardo la imagen de los niños vigilando que los leones no se coman las vacas. El gobierno quería un film sobre su lucha por la independencia, centrado en su líder y primer presidente, Sam Najima, y ambientado entre 1938 y 1966, cuando empezó la guerra definitiva. Yo me sentía culpable de tomar del presupuesto de cultura, y quizá de salud pública, de ese país pequeño, con solo dos multicines, que hasta entonces solo había dado becas de menos de 2000 dólares a sus jóvenes, para que grabaran algunos documentales.Y, por otro lado, tampoco lograría una muy buena película política sobre un proceso de independencia, como «Queimada!», de Gillo Pontecorvo, porque eso requiere mucho presupuesto, y una mirada crítica.
P.: ¿Qué otros problemas se le presentaron?
C.B.: No querían que incluyera mujeres en lucha activa contra la represión blanca, siendo que ellas habían cumplido un papel fundamental, fueron las primeras en lanzar piedras contra los oficiales, y las primeras en morir. En eso debí ponerme firme. Otro problema es que muchos participantes de esa lucha siguen vivos, y exigen que aparezca tal o cual episodio famoso en que participaron, lo que alargaría la película, o rechazan algún otro episodio que no los deja bien parados, o, peor, deja bien parados a los de otra tribu. Para colmo hay diez tribus, cada cual muy celosa de la otra, y cinco lenguas diferentes. Y lo más difícil: en esa guerra todos hicieron cosas terribles. Y todos querían poner algo de cosmético, para destacar que eran los buenos. Descubrí que quienes me contrataron eran considerados traidores. Y que Najima estaba perdiendo popularidad. Busqué entonces, como equilibrio, un personaje sin estigmas, sin sombra de corrupción ni de abuso del poder. Forzosamente, un niño, que llevaría los nombres de los dos únicos héroes intachables cuya memoria es respetada por todas las tribus.




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