Butterfly: ni audaz ni convencional

Espectáculos

«Madama Butterfly». Opera en dos actos. Mús. G. Puccini. Lib: L. Illica y G. Giacosa. Dir. mus.: J. Logioia Orbe. Dir. esc.: C. Juri. Esc. e ilum.: J.C. Greco. Vest.: S.M. Muller. Dir. Coro: S. Giai. Orq. y coro estables. (Teatro Argentino de La Plata). Hasta el 29/7.

La tragedia japonesa de Giacomo Puccini, «Madama Butterfly» volvió al Teatro Argentino platense en una nueva producción escénica que, en líneas generales, responde a la tradición. El estilo conservador del régisseur Constantino Juri permitió seguir las acciones dramáticas de la ópera, en la que se enfrentan drásticamente oriente y occidente a través de la actitud moral que condiciona a los personajes centrales de la obra, sin sobresaltos.

La narración teatral, cuidada y por tramos bella como en la entrada de Cio-Cio-San en el primer acto, de atractivo cromatismo, produjo algunas sorpresas como el final de la ópera con elementos multimedia, aunque en ningún momento se evitó la convención de tarjeta postal que casi siempre acompaña la puesta de esta ópera. Algún rapto estilístico en el vestuario y en el maquillaje de la protagonista en el segundo acto, con brillos marca Broadway y más aptos para una «Miss Saigon» que para esta creación pucciniana, no empalidecieron un espectáculo construido con solidez expositiva.

Uno de los pilares indiscutibles de esta versión fue la dirección musical de Javier Logioia Orbe al frente de la Orquesta Estable del Argentino. Impetuoso y apasionado, el gesto del conductor sirvió a los impulsos itálicos que corren a lo largo de toda la ópera sin perder de vista el refinamiento La soprano japonesa radicada en Brasil, Eiko Senda, tiene a su cargo la famosa heroína de Puccini en la versión platense. orquestal orientalista con que Puccini dotó a la partitura.

Las voces de los cantantes fueron cuidadas en todo momento y los fragmentos exclusivamente sinfónicos brillaron con colorido. La orquesta respondió bien a las indicaciones de Logioia, tanto como el coro a las de Sergio Giai.

La joven geisha protagonista fue asumida por la soprano japonesa radicada en Brasil, Eiko Senda. Emisión franca, buena afinación, importante volumen y un fraseo atendible caracterizan el canto de Senda, aunque se notaran algunas carencias de las sutilezas vocales pensadas por Puccini para su heroína y también cierto primitivismo en la caracterización escénica.

Con voz brillante y una actuación sensible se vio a Gustavo López Manzitti como Pinkerton. Desenvoltura escénica y pulcritud musical marcaron su actuación. Mejor como actor que como cantante, Federico Sanguinetti diseñó un Sharpless creíble. Con algunos altibajos el resto del reparto que incluyó los nombres de Alicia Cecotti (Suzuki), Ricardo Cassinelli (Goro) y Ricardo Ortale (Tío Bonzo), entre otros cantantes del elenco local. El diseño escenográfico de Juan Carlos Greco remitió a un Japón estereotipado, insólitamente barroco e iluminado con lunas, estrellitas y linternas convencionales.

Se extrañó una mirada minimalista y despojada que hubiera redundado con mayor criterio para la exposición de una tragedia de aliento shakesperiano.

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