27 de junio 2005 - 00:00

Cambiar París por la noche porteña

Edgardo Cozarinsky: «Estaba harto de haber hecho durante tantos años de mi vidapelículas sobre artistas, escritores, gente ligada a lo cultural».
Edgardo Cozarinsky: «Estaba harto de haber hecho durante tantos años de mi vida películas sobre artistas, escritores, gente ligada a lo cultural».
El escritor, ensayista y cineasta Edgardo Cozarinsky hoy está decidido a romper su propio molde. Ya no lo entusiasma vivir en París, donde produjo buena parte de su filmografía, y prefiere aprovechar la que él llama «efervescencia creativa de Buenos Aires» y meterse por todos sus rincones, incluido el circuito de la milonga del que es un entusiasta seguidor.

Mientras los medios lo siguen presentando como un distinguido intelectual, que fue amigo de Susan Sontag, buen conocedor de Borges, refinado documentalista y para mayores señas, cinéfilo, él va dos estaciones más adelante planeando alguna nueva incursión artística por «territorios prohibidos».

Este año, empezó por patear el tablero con su controvertido largometraje «Ronda nocturna» en el que narró las andanzas de un taxi boy por los circuitos más marginales de la noche de Buenos Aires. Dice que la experiencia de filmar con auténticos cartoneros y travestis le abrió un mundo bastante más real y sensible que el que había frecuentado hasta ahora.

«Estaba harto de haber hecho durante tantos años de mi vida películas sobre artistas, escritores, gente ligada a lo cultural
. Ahora estoy en otra cosa». dice. Su «costado kamikaze» parece seguir en expansión: el 29 de junio estrenará en el teatro Sarmiento su primera obra teatral, «Squash», octavo título del Proyecto Biodrama, un ciclo ideado por la directora Vivi Tellas con la premisa de llevar a la escena la vida de algún «argentino vivo».

Cozarinsky
convocó al actor Rafael Ferro (del que se hizo amigo durante la filmación de «Ronda nocturna») para que interprete en escena pasajes de su propia vida. Ferro abandonó una carrera de deportista para dedicarse a la actuación, pero recién saltó a la fama cuando hizo de Ferchu, el amigo de Pablo Echarri, en «Resistiré».

En el escenario del Sarmiento ya está instaladauna cancha de squash en donde el actor mostrará sus habilidades con la pelota. Pero eso pasará a un segundo plano cuando la vida familiar de Ferro empiece a desplegar sus costados más oscuros. «Yo ya le advertí a Ferro: «si me seguís dando material yo lo voy a usar. Lo que él cuenta de la madre es muy duro, pero dentro de todo no me resulta tan terrible. Pero la historia del padre... yo no sé si la hubiera incluido», reflexiona Cozarinsky.

Periodista:
Usted está armando el guión sobre la base de la información que le da Ferro. ¿Cuál fue su plan inicial?

Edgardo Cozarinsky:Yo quería hacer algo relacionado con el deporte. Encuentro mucha afinidad entre un deportista y el actor de teatro porque los dos son personas que viven en riesgo de fallar. Cuando lo conocí a Ferro nos contamos un montón de cosas y ahí descubrí una primera coincidencia entre nosotros, los dos hicimos un profundo cambio de vida a los 29 años. El dejó el deporte por la actuación y yo dejé la Universidad por el periodismo y el cine. Después, a través del trabajo me fui identificando cada vez más con él. En el sentido de que él representa todo lo que yo hubiera querido ser a su edad.Yo hubiera querido ser deportista, tener un físico atlético, ser un gran seductor... Ferro es el típico feo al que todas las mujeres encuentran irresistible. No hay mujer que no se enamore de él. Con el tiempo empecé a proyectar muchas cosas mías dentro del personaje.


P.:
¿Lo está vampirizando?

E.C.: Algo de eso hay. En estos momentos somos como hermanos, después del estreno de la obra quizás no nos volvamos a ver más
.

P.:
¿Ferro sabe dónde se está metiendo? Es un actor bastante famoso. ¿Cómo cree que va a reaccionar el público?

E.C.: A mí me gustaría que el público viniera a ver al actor Rafael Ferro. Para mí, él y Julio Chávez son los mejores actores de su generación. Este es el primer biodrama donde el personaje cuya vida se cuenta está interpretado por la misma persona; pero, como Ferro tiene el narcisismo propio de todo actor, eso hace que le interese esta aventura. Los dos compartimos un costado kamikaze. Hace poco le dije: «Yo sé el riesgo que esto significa para vos, Ferro, pero pensá un poco en mí. Yo estoy haciendo teatro por primera vez ¡a mi edad!». Y el año pasado publiqué mi primera novela, «El rufián moldavo». Entonces ¿qué quiero yo? Lo que quiero es morir en la pista de baile.Yo voy todas las noches a la milonga y ya le dije a la chica con la que suelo ir a bailar: «el día que me dé un infarto en mitad de la pista, pedí que barran el cuerpo y sigan bailando».


P.:
Estímulos no le faltan.

E.C.: Encuentro más estímulo en la relación con los jóvenes que con la gente de mi generación. La mayoría de esa gente hizo lo que tenía que hacer, esté contenta o no con eso, no piensan cambiar ni intentan ir hacia otro lado.Yo, cada año que pasa, me planteo nuevas cosas por hacer, en cierto modo quiero correr más riesgos, vivir más aventuras.Y no reivindico ninguna virtud en relación a todo esto, no es una cuestión de coraje, es simplemente ganas de que pase algo nuevo en mi vida.


Entrevista de Patricia Espinosa

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