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27 de abril 2006 - 00:00

"Capturando a los Friedman"

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Los Friedman, antes del horror de la condena por pedofilia. Un documental de tema molesto, bien tratado por el realizador.
«Capturando a los Friedman» («Capturing the Friedmans», EE.UU., 2004, habl. en ingl.). Guión y dir.: A. Jarecki. Documental.

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Quedará en manos del público decidir quién dice la verdad, y hasta qué punto, en esta fea historia de una familia cuyo padre fue acusado de pedófilo, y condenado, junto a uno de sus hijos. Sin imponernos su opinión, el documentalista Andrew Jarecki nos presenta los datos que él pudo reunir, que son muchos, y nos deja mudos.

Esos datos incluyen material de noticieros de la época, entrevistas diversas, y películas caseras del grupo familiar cuando todos eran felices, y aun después, cuando todos se pusieron tan locos que registraban hasta sus discusiones, para tenerlas como posible prueba de algo. De hecho, el hombre fue reconociendo varias culpas, tendencias que lo obsesionaban desde la pubertad, pero nunca el cúmulo de acusaciones variopintas que aparecían en el juzgado, a medida que la prensa y la policía instigaban a los padres de sus alumnos.

Muy interesante, en cuanto a información objetiva, el diverso proceder de los policías. Uno, ajeno a la causa, recomienda preguntar a los niños «¿Qué hiciste en tal lado? ¿Y qué más hiciste?». El otro, que juntó los testimonios, les preguntaba «¿Qué te hizo? ¿Te hizo tal cosa? Sabemos que te la hizo. No digas que no». Algo similar pasaba en reuniones de padres. «Cuando dijimos que a nuestro hijo no le habían hecho nada, se enojaron y nos dijeron 'No mientan, seguro que él también fue víctima'».

Histeria colectiva, ánimo de laureles, talibanismo judicial, agravaron las condenas. La familia, que nunca había sido muy normal que digamos, se destruyó. De esto hace ya varios años. Jarecki logra charlar con la esposa, que todavía no lo perdona, un ex alumno que se contradice desde las sombras, otro que da la cara, la fiscal, la jueza, etc., etc., y en especial con uno de los hijos, que hoy es payaso y anima fiestas infantiles (naturalmente, a muchos kilómetros de distancia de su pueblo). Cada uno da su versión de los hechos. A algunos, no es fácil creerles. Ni quererles. Al padre de familia, menos. Pero él no habla. Con su cara de infeliz, murió en la cárcel. Película desagradable, pero vale la pena.

P.S.

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