25 de mayo 2007 - 00:00

Cautivó a melómanos la abstracción de Braxton

Más de 2.000personasasistieron aldebut argentinodel rigurosoAnthonyBraxton y sutrío, la mayoríade las cualesdisfrutó de surara yherméticapropuestamusical;algunosdesorientadosse fueron antesdel final.
Más de 2.000 personas asistieron al debut argentino del riguroso Anthony Braxton y su trío, la mayoría de las cuales disfrutó de su rara y hermética propuesta musical; algunos desorientados se fueron antes del final.
«6º Buenos Aires Jazz y otras músicas». Actuación del Anthony Braxton Diamond Curtain Wall Trio: A. Braxton (clarinete, clarinete contrabajo, saxos alto, soprano y sopranino), T. Ho Bynum (trompetas, trombones, fliscorno) y M. Halvorson (guitarra). (Espacio El Borrego, 23 de mayo).

Anthony Braxton no es un músico «fácil» de consumir. Nacido en Illinois en 1945, este compositor y saxofonista norteamericano recorrió un camino que lo fue alejando de las audiencias masivas pero que, al mismo tiempo, lo convirtió en un referente indiscutido dentro de las vanguardias musicales del siglo XX.

Del bebop de sus inicios -como cualquier jazzista negro de su época-, fue virando hacia el lenguaje del «free jazz» y se colocó cada vez más cerca de la música contemporánea que de los lenguajes populares. Bautiza sus obras con números. Sus partituras son gráficos y dibujos de colores en lugar de notaciones medianamente ortodoxas. Sus orquestaciones están concebidas para formaciones que no se adaptan linealmente a la de ningún género. Sus asociaciones artísticas, para los conciertos y para los discos, se producen con algunas figuras consagradas pero fundamentalmente -sobre todo en los últimos años- con discípulos que va eligiendo de sus cátedras universitarias.

Nunca había estado en Argentina -una deuda que hacía tiempo que quería saldar, según manifestó después de su concierto-; Seguramente por eso, por la aureola mítica que siempre lo ha envuelto, no debería sorprender que cerca de 2.000 personas acudieran a El Dorrego para escucharlo como parte del ecléctico «6º Buenos Aires Jazz y otras músicas».

Para esta ocasión, Braxton eligió su «316 A», una obra concebida en siete secuencias que se suceden aleatoriamente según lo dispone el sistema «random» de un programa de computadora. Con una extraña formación de saxos, clarinetes, trompetas, fliscornos, trombones (a vara y a pistón) y guitarra, los músicos van improvisando sobre esos diferentes momentos creando distintas texturas y climas. No hay melodías, ni armonías, ni ritmos en el sentido convencional. Y como en un cuadro no figurativo, lo que importan son más los colores, los espacios más o menos ocupados, las velocidades, que cualquiera de las estructuras habituales de la música popular o clásica.

Su concierto duró exactamente 60 minutos, que controló desde el escenario con un muy tradicional reloj de arena. Y fueron suficientes para que Braxton demostrara la solidez de su concepción musical y la asombrosa capacidad técnica en el manejo de los vientos, y exhibiera la buena asociación con sus jóvenes compañeros. Un verdadero lujo para Buenos Aires que el público acompañó con gusto; aunque hubo algunos, claro, que algo desorientados frente a un lenguaje tan hermético, abandonaran El Dorrego un rato antes del final.

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