"Reinas abolladas": otros recuerdos de provincia

Espectáculos

La obra de Victoria Varas, con dirección de Azul Lombardía, plantea el conflicto de ser una mujer joven en un medio fuertemente machista.

Estrenar en pandemia implica, además de lo que involucra un lanzamiento, los imponderables que trae aparejados el virus. Mientras en el Teatro San Martín esperan el resultado de los hisopados de bailarines, el Cervantes confirmó la reapertura de la remozada sala María Guerrero para el próximo domingo, pese al asueto a estatales que impedía habilitar el teatro. El Cervantes convocó al personal que requiriera presencialidad para mantener el estreno de ¨Reinas abolladas¨, del mismo modo que en los teatros del CTBA se valen de técnicos, productores y actores para garantizar las funciones.

Para llevar a cabo la actividad teatral, cada dos semanas se hisopa al personal. En las obras donde no hay convivientes, como Arturo Puig y Selva Alemán en ¨Cartas de amor¨, se actúa según protocolo manteniendo sólo escenas de cercanía que no superen el minuto. En ¨Brujas¨ la escena del beso de 1991 fue cambiada por Luis Agustoni a otra situación. Luis Brandoni cambió de plano para dialogar en “El acompañamiento”. Y así otros casos como ¨Lo escucho¨ entre Goity y Suárez, que parecen cercanos pero que al minuto se distancian.

¨Reinas abolladas¨, escrita por Victoria Varas y dirigida por Azul Lombardía, se presentará durante un mes en el Cervantes con actuación de Maruja Bustamante, María Marull y Mónica Raiola, entre otros. Dialogamos con la autora y directora.

Periodista: ¿En qué se inspiró para escribir esta historia con tantas mujeres en el centro, provenientes de su Córdoba natal?

Victoria Varas: Esta obra nació en un taller que dio Maruja Bustamante en Argentores donde terminamos sólo mujeres. Algo de esa ronda y de ese cotorreo me trasladó, por resonancias, a otras que tuve siempre a mano. Mi abuela tuvo cinco hijas mujeres, que fueron madres de jóvenes y criaron a sus hijos prácticamente juntas. Mi casa no era una casa con libros, pero siempre estuve envuelta en una oralidad atractiva, la de mi madre, mi abuela y mis tías, a las que quise volver durante aquel taller para escribir estas obra.

P.: ¿Cuánto hay de su propia historia y cuánto de ficción?

V.V.: Siempre me sentí incómoda con el chisme, pero creo que finalmente se ha convertido en una suerte de procedimiento dramático. La obra tiene una base biográfica, la experiencia de ser una adolescente anclada en un pueblo, pero luego todo se magnifica o se deforma para pasar del anecdotario a la historia. Hay situaciones o pasajes que construí a partir de relatos que recuerdo muy borrosos. Entonces, operé un poco con la lógica del chisme, y dejé que los procedimientos de ficción completaran lo que no sabía, lo que no había terminado de escuchar. No se trata estrictamente de una obra autobiográfica.

P.: ¿Cómo es el contraste del afuera con el adentro?

V.V.: La obra, con sus idas y vueltas del patio a la calle, plantea el contrapunto entre dos generaciones de mujeres, que se termina de abismar cuando aparece Internet y la protagonista puede ver, en el box de un ciber, que hay otros caminos posibles, pero que le quedan todavía demasiado lejos. Todo lo que está fuera de la casa familiar se le aparece como un horizonte de posibilidades, porque necesita desmarcarse del destino prefabricado para las mujeres de pueblo, aún cuando eso implique ingresar a un bosque lleno de peligros.

P.: ¿Qué temas aborda la obra?

V.V.: Habla de la experiencia de ser una chica a 800 km de los neones de la capital, de la maternidad temprana, del vínculo entre madres e hijas, que en este caso es tan demencial como amoroso, de la iniciación en el amor y de la mirada de los otros. Durante mi adolescencia, los chicos del pueblo usaban una palabra para referirse a las chicas que hacían un ejercicio libre y desprejuiciado de la sexualidad. “Está quemada”, decían. Y una chica “quemada” no merecía, en ese marco de pensamiento machista y cristiano, el respeto de un varón. Yo me “quemé” rápido, mis amigas también. Y, entonces, aprendimos a desoír el murmullo malicioso y a hacer rancho aparte, con otros quemados, en el oscuro corazón de una plaza al otro lado de la avenida central.

P.: ¿Cómo vivieron la postergación y el anuncio de estreno presencial tras la cuarentena?

Azul Lombardía.: Arrancamos hace más de un año con este texto y elenco, y el vacío previo a empezar cualquier proceso. Y cuando estábamos a punto caramelo empezó la cuarentena. Lo que creímos que era un mes se transformó en incertidumbre, y pasaron diez meses. Fue también un trabajo de mucha paciencia, hasta que llegó el momento. Pero sabemos que este contexto nos sigue marcando los tiempos desde afuera.

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