“Las películas de los 80 me ayudaron a amar el cine, pero son las de los 90 las que más me influyeron”, dice Mariano Cattaneo. “En ‘Una tumba para tres’, el punto de partida fue un film que me encanta, ‘Desperado: La balada del pistolero’ de Robert Rodriguez, que sabe que el cine de acción converge con el terror y la fantasía. Y también me gustan películas como ‘Vampiros’ de John Carpenter; ‘High Plains Drifter’ y ‘Los imperdonables’, de Clint Eastwood, y ‘Tiempo de valientes’ de Damián Szifrón. Son esa clase de historias que tienen situaciones que parecerían imposibles, pero con una lógica perfecta en sí mismas”.
A punto de estrenar “Una tumba para tres”, Cattaneo dialoga con este diario y explica los orígenes de su homenaje al cine de acción pero con toques netamente argentinos. En la trama, tres delincuentes están encerrados con otro criminal al que mataron por error y al que su jefe mafioso quería interrogar, lo que los poner en un aprieto. “El proyecto lo empezó Nicanor Loretti, el director de ‘Diablo’, que tenía un guión llamado ‘Un día perfecto’ que decía que era ideal para mí. Pero pasó el tiempo y no la filmé, y el año pasado retomé el guión pero le dije a Nicanor que debíamos reescribirlo juntos como “Una tumba para tres”. La película empieza en un barrio bien porteño, como el Once, y sigue en alguna quinta en el conurbano. Y también tiene algo de western, lo que aparece en algunos diálogos y situaciones y en la música de Pablo Sala, al que le pedí que hiciera una mezcla de folk y el viejo grupo de hard rock Cinderella. Y la pensamos para poder filmarla rápido, en no más de 15 días”.
Como muchos de sus directores favoritos, tuvo que idear la manera de hacer una película con tiroteos y otras escenas de acción, presupuesto moderado y poco tiempo de rodaje. Cattaneo, que estudió cine en la carrera de la UBA Imagen y Sonido, explica cuáles son las tres reglas esenciales para hacer una película de este tipo. “Primero hay que tenerla estudiada de memoria, sin dejar de ser versátil por los posibles contratiempos que puedan ocurrir. Por ejemplo, cuando uno de los personajes está pasado de drogas inventé unas alucinaciones, como un pescadito que salta en una pintura, o uno angelitos que le hablan, y que estaban en la escenografía. Lo segundo es tener un elenco que haga crecer la película. Soledad García interpreta a una prostituta sordomuda. El personaje no era así en el guión, pero cuando hablé con ella para ver cómo se diferenciaba de la otra prostituta de la película, interpretada por Daniela Pantano, a Soledad se le ocurrió hacerla muda, y me pareció un detalle perfecto. Por último, un equipo técnico que corra a la par del director. Por eso conseguí que escenas como la primera trifulca en la casa tuviera 68 planos distintos. Y por eso no me considero un ‘auteur’, ni creo que el director sea el verdadero dueño de una película, sino que es una conjunción de energía entre el director, el elenco y el equipo técnico. Me siento como esos antihéroes que solo logran su cometido luchando en equipo”.
Más allá de esta explicación, en “Una tumba para tres” llaman la atención algunos de los elaborados tiroteos, poco comunes en el cine nacional. “Me senté con Franco Buratini, de Piromania FX, y le expliqué exactamente lo que quería, por ejemplo ver en un mismo plano el disparo que sale de un revólver y la víctima que lo recibe. Él puso manos a la obra”.
Protagonizada por Diego Cremonesi, Daniel Pacheco, Demián Salomon, Monica Villa y Gerardo Romano, “Una tumba para tres” se estrena hoy en la plataforma Cine.ar. Para Cattaneo, la disyuntiva entre cine presencial y streaming tiene una respuesta clara; no por nada se dedicó a producir series web como “Martín Mosca” y la ambiciosa versión animada de cuentos de Edgar Allan Poe, “Del amor a la muerte”. “Antes que director de cine soy espectador y cinéfilo, y como tal amo ir al cine y que la gente vea películas en un cine”, dice. “Pero también tengo claro que si querés llegar a más gente, hoy hay que pensar en internet y el streaming”.
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