César Camargo
Mariano brindó
sus versiones
de clásicos de
Pixinguinha o
Jobim, entre
otros, siempre
con la belleza
de toque y la
originalidad
armónica que lo
caracterizan.
6º Buenos Aires Jazz y otras músicas. Actuación de César Camargo Mariano (piano). (El Dorrego, 25 de mayo).
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Al compositor, pianista y arreglador brasileño César Camargo Mariano se lo suele asociar con los comienzos de la bossa nova, lo cual tiene lógica, porque sus primeras experiencias musicales con Som tres y Sambalanço trio fueron parte de ese puente que se produjo entre la música tradicional de Brasil -el samba, el choro- y el jazz. Así, fue de los primeros en interpretar canciones todavía desconocidas como «Garota de Ipanema»; y pronto se relacionó con los artistas más reconocidos del género como Elis Regina, Wilson Simonal y Tom Jobim, con quienes trabajó muchas veces.
Camargo vive desde hace años en los Estados Unidos, y su trabajo va de la bossa nova a las improvisaciones más cercanas al jazz, de la dirección de espectáculos al acompañamiento de cantantes, de los conciertos en grupo a los solos de piano. En este carácter vino una vez más a nuestro país, para participar del festival jazzero del Ministerio de Cultura porteño, y fue un mojón importante en el encuentro que tuvo lugar en el espacio El Dorrego y que cerró el domingo con la actuación de Chucho Valdés.
Previamente, el músico dio una charla pública, que coordinó el músico y programador del festival Rodolfo García. Su recital posterior no tuvo desperdicio. Arrancó con una improvisación y, a partir de allí, dejó escuchar sus versiones de clásicos de la música de su país -«Cariñoso» de Pixinguinha, «Da côr do pecado» de Bororó, «Por tôda minha vida» de Vinicius y Jobim, «Tem dó» de Vinicius y Baden Powell-. Hizo también un par de composiciones propias «Samambaia», un tema de sus comienzos y «Curumin»-, y homenajeó al argentino Sergio Mihanovich, de quien se declaró profundo y muy antiguo admirador,con su «It was a Mistery».
El toque preciso, la originalidad armónica, la belleza del canto de su mano derecha, la potencia rítmica de su mano izquierda y, sobre todo, la delicadeza y la musicalidad de sus interpretaciones, hicieron de cada pieza un momento especial. Y así lo vivieron las 2000 personas que fueron al predio de Colegiales a escuchar su concierto.
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