11 de noviembre 2002 - 00:00

"Clown no es igual a circo"

Marcelo Katz
Marcelo Katz
Con el estreno de «Allegro ma non troppo», Marcelo Katz estrenó también una nueva sala teatral, el Espacio Aguirre (Aguirre 1270). Esta es la primera vez que Clun, la compañía que dirige Katz desde 1997 destina uno de sus espectáculos también al público adulto, mientras que su próxima obra será una adaptación de la ópera «Guillermo Tell», escrita en colaboración con el dramaturgo Eduardo Rovner y con coreografía de Oscar Aráiz. Su estreno está previsto para diciembre e inaugurará el Centro cultural de la Cooperación (Corrientes al 1500).

Periodista: ¿No es arriesgado ofrecer un espectáculo de clown fuera del horario de matiné?


Marcelo Katz:
Yo tenía ganas de trabajar de noche, porque me permite un cambio de ritmo. A la tarde, si hacés una mirada larga antes de hablar, empieza a volar el pochoclo. Entonces tenés que mantener un ritmo febril de un gag tras otro. A la noche, en cambio podés frenar, desarrollar otros tempos y como a mí me interesa hacer un humor poético, necesitaba un clima más tranquilo. Además, acá nos estamos metiendo con una historia romántica, de pasiones desenfrenadas y de muerte. Son temas que normalmente a la tarde no los tocaríamos.

•Público

P.: ¿Y cómo cree que van a reaccionar los chicos?

M.K.:
Dimos algunas funciones para amigos y los chicos reaccionaron muy bien e hicieron muchas preguntas. Son temas que ellos no están acostumbrados a ver, pero como nuestro envase tiene que ver con el juego y con el disparate eso ayuda a alivianar la densidad de los temas. El espectáculo es un poco tramposo en ese sentido, porque atrás de burbujas gigantes, de besos que viajan en cartas, de mecanismos de ingeniería extraños y cómicos, hablamos de la muerte y del amor desencontrado. Pero ningún chico se asustó, al contrario a todos se les movió la croqueta.

P.: ¿No lo limita como artista el hecho de haber dedicado su carrera únicamente al teatro de clown?


M.K.:
En absoluto. Con el clown podés meterte con el tema que quieras y abordarlo de una manera no solemne. Desde una mirada burda, se piensa que el clown sólo tiene que ver con el circo o con el humor «de cachetazo». Sin embargo se trata de una técnica muy nueva, que nació en Paris, en la década del '60, con Jacques Lecoq que era un gran maestro de teatro. El clown tiene que ver con reírse del mundo y de uno mismo, nunca del otro como sucede con el paradigma de la cámara oculta; eso de poner la cáscara de banana y reírse de cómo se cae el otro, no tiene nada que ver con el clown. Nuestros referentes más importantes fueron los Hermanos Marx, Les Luthiers, Mafalda, Jacques Tatie, algunas cosas del cine mudo... Hay ingredientes de ellos que marcaron nuestra formación. Se trata de que el actor que está en escena exprese lo que siente, sólo que aquí en lugar de hacerlo en forma naturalista lo hace a través del juego y del disparate, pero la raíz es la misma.

P.: Espacio Aguirre funciona como sede de la «ONG Solidaria Clowns para el Mundo» ¿A qué apunta esta actividad?


M.K.:
Es una estructura con la que salimos a hacer funciones en villas, hogares públicos, comedores, hospitales y zonas de desastre. En general, vamos a lugares donde los chicos no tienen posibilidad de ver espectáculos. Vamos un grupo de diez o doce payasos con algunos números «de valija», me refiero a rutinas que requieren pocos elementos: una escalera, un trompeta, cosas que podés meter en el baúl de un auto. La gente recibe todo esto con mucha avidez, pero para nosotros es un cóctel difícil porque pasan cosas lindas y también muy terribles, como cuando fuimos a una villa de La Cava y nos encontramos con chicos marcados por golpes. En cambio, hace unas semanas fuimos a una escuela, muy metida en una de las Islas del Tigre, donde los chicos estaban bien y eso fue lindísimo.

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