El prestigioso director chileno Francisco Rettig condujo con autoridad a la Orquesta del Colón que, junto al Coro Estable (y la participación del de Niños), celebró los 80 años de su creación.
Orquesta y Coro Estables y Coro de Niños del Colón. Dir. Mus.: F. Rettig. Dir. Coro: S. Caputo. Dir. Coro niños: V. Sciammarella. Obras de Wagner, Beethoven, Verdi, Puccini y Boito. (Teatro Colón, 17/12
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Durante esta temporada los cuerpos estables del Teatro Colón celebraron el 80° aniversario de su creación. Ya lo había hecho el Cuerpo de Baile con la publicación de un libro y la realización de una gala coreográfica con la participación de un grupo de estrellas de la danza argentina. Ahora fue el turno de la orquesta y el coro.
Ambos organismos se ensamblaron en la segunda parte del concierto para una cabalgata de fragmentos sinfónico-corales de óperas famosas como «Patria opressa» de « Macbeth», «Fuoco di gioia», de «Otello», y el celebérrimo «Va pensiero», de «Nabucco», todas creaciones de Giuseppe Verdi. También se incluyó la escena «O welche lust» (« Fidelio», de Beethoven); «Gira la cotte» y «Coro alla luna» («Turandot», de Puccini), y el prólogo completo de « Mefistofeles», de Arrigo Boito, con el coro de niños dirigido por Sciammarella y la participación del bajo-barítono Carlos Esquivel, que tuvo una brillante actuación construida con fina musicalidad, potencia y un muy atractivo timbre de cavernosa profundidad, ideal para la personificación.
La dirección orquestal la asumió el maestro chileno Francisco Rettig, ampliamente conocido en nuestro medio, al que la Estable respondió con óptimas performances en todas sus secciones, con momentos de refinada exposición de matices y planos sonoros. El maestro italiano Salvatore Caputo -único sobreviviente de la gestión Capobianco al frente del Colón-, condujo el Coro Estable con autoridad absoluta, logrando acentuados fraseo expresivo y una presencia dramática. Con cuidadosa musicalidad, el director prestó atención a los más mínimos detalles de las distintas secuencias, con momentos significativos en el «Va pensiero» y en el prólogo de «Mefistófeles».
La labor de Caputo se entronca con una larga tradición de directores italianos (Boni, Sicuri, Balzanelli) que llevaron al coro estable a una categoría internacional. Hoy, a pesar de los problemas que atraviesa el teatro en más de un sentido, Caputo resuelve dificultades y logra resultados considerables, tanto como Sciammarella lo hace con el Coro de Niños.
En la primera parte se escuchó la escena III del acto I de «La Walkyria», de Wagner, con la participación de la mezzosoprano Adriana Mastrángelo (el rol es para soprano, pero al parecer nadie reparó en la importancia de los registros) y el tenor Carlos Bengolea, en aceptables actuaciones.
En suma, 80 años es una buena cifra para celebrar y un buen prólogo para la celebración mayor que se concretará en 2008 cuando el teatro cumpla 100 años.
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