18 de agosto 2006 - 00:00

Como en libros, ahora también DVD a pedido

Si algo ha demostrado la llegada de la era digital es que las viejas consignas de la literatura contracultural («la información debe ser libre y gratuita», «la gente encuentra sus propios usos para la tecnología») eran acertadas. Si, como afirma Nicholas Negroponte, la mercadería del presente son los bits, esas escurridizas partículas de información son imposibles de controlar y cualquier intento en ese sentido fracasará. Esto parece haber sido percibido en los grandes estudios de Hollywood, que han encarado una serie de políticas de «liberación» de sus contenidos.

En ese sentido, la DVD Copy Control Association, organización responsable del sistema universal de protección anticopia que llevan los DVD, denominado CSS (por Content Scramble System), ha decidido cambiar su encriptamiento para permitir el grabado de películas en cierto tipo de DVD vírgenes.

Aunque el CSS no es una gran protección -ya que desde el primer momento ha sido descifrado y desactivado por los especialistas del bajo mundo informático-, este paso permite el copiado de DVD de manera distribuida con el debido respaldo legal. El sistema anunciado requiere de hardware y discos especiales, y está diseñado para realizar la búsqueda de material en los catálogos que las major pongan a disposición, su bajada desde Interrnet y su posterior ripeado y grabación.

En un primer momento, se plantea la instalación de verdaderos kioscos dentro de las grandes cadenas de venta y alquiler de DVD para ofrecer este servicio a los eventuales clientes, pero ya existen planes para abaratar el costo de los grabadores y de los DVD vírgenes especiales, para incorporar la tecnología a las computadoras hogareñas. Así, del mismo modo en que desde hace unos años se pueden imprimir libros a pedido en algunas librerías, se podrán solicitar copias de películas y acceder a material agotado o cuya edición masiva no se justifique, lo que constituye un verdadero paraíso para el coleccionista o el aficionado a determinados géneros que no son para el paladar masivo. El avance de la tecnología históricamente ha transformado a todo aquello que tiene que ver con el acopio y posterior comercialización de cualquier tipo de información. En la Edad Media, los monasterios eran reservorios de conocimiento -y por lo tanto también de poder- hasta que la imprenta de Guttenberg terminó con ese monopolio. Esa es una lección que la industria parece comprender con este tipo de iniciativas.

Horacio Moreno

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