15 de noviembre 2002 - 00:00
"Con el cambalache argentino no lo extraño a Valle Inclán"
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Juan Echanove
Periodista: ¿A que atribuye la poca repercusión de ese film?
Juan Echanove: No lo sé. A veces las buenas, como ésta, son un fracaso, y las malas son éxitos. En todo caso, los resultados no dependen de nosotros, ni yo vivo pendiente de ellos, sino de los procesos de realización. Y éste fue brillante, una experiencia muy buena, que además me permitió encontrar un gran actor, y un gran amigo, Darío Grandinetti, con quien ahora coincido de nuevo en los sets, ya que estamos haciendo «El juego de Arcibel».
P.: Coinciden también, en haber hecho dos personajes claves del cine de Almodóvar.
J.E.: El más exigente y mas perfeccionista de los directores con los que he trabajado, y el más sutil, para establecer la diferencia entre lo masculino y lo femenino.
P.:Y usted se ve cerca del mundo argentino.Viene de hacer en Paris «Tangos robados», de Eduardo de Gregorio.
J.P.: Un director interesantísimo. Ahí debí hacer una especie de cancerbero, a caballo entre la fantasía y la realidad, que puede ser un infierno. Ultimamente la realidad no pinta nada bien en ningún lado.
P.: Usted empezó con una película bien realista, «El caso Almería».
J.E.: Contaba unos crímenes de la Guardia Civil, algo que no querían que se supiera, ¡y la terminamos literalmente perseguidos por los guardias, con las cámaras al hombro! Eramos tan jóvenes. Luego está «La noche más larga», de José Luis García Sánchez. Con él hicimos «Divinas palabras», «El vuelo de la paloma», «Suspiros de España (y Portugal)», «Siempre hay un camino a la derecha», etc, etc, casi siempre con guiones de Rafael Azcona.
P.: Viejo maestro que ya habrá pasado los ochenta, ¿verdad?
J.E.: No creo. Tendrá setenta y muchos, pero sigue siendo muy joven de espíritu, fiel observador de la realidad, y muy divertido. «No te importe cambiar algo de mis diálogos», me dice, «que lo que no uses me sirve pa' otra película». Ambos son herederos directos de Valle Inclán, habitan con gran sentido del humor esa especie de hiperrealismo llamado esperpento valleinclanesco, y que acá pude reencontrar en el «Cambalache» discepoliano.
P.: Hablando de acá, ¿qué ha visto de Alberto Lecchi, el director que lo convoca?
J.E.: Pues, «El dedo en la llaga» (yo iba a trabajar en ella), «Operación Fangio», y «Nueces para el amor». Me lo recomendaron, apenas apareció «Perdido por perdido». Mi personaje aquí es el de un rengo pura ternura, que quisiera estar en la primera línea de fuego, y que en un mundo como el actual todavía soñaría con la revolución, que ya está bien de esta historia cetoda pautada. Muchos en España piensan lo mismo.
P.: Pero gana la derecha.
P.: El pasaporte, quizás... ¿Hasta cuando se queda?
J.E.: Creo que veré Navidades sin nieve. Tengo curiosidad por ello. Después, quizás haga una coproduccion con Inglaterra, y teatro. Y ahora estoy pensando una versión teatral de «Yo, Claudio».
P.: No se anda con chiquitas.
P.: ¿Cómo? ¿España tampoco perteneal Primer Mundo?
J.E.: Creo que no. El desarrollo es evidente, y reconozco que nunca vivimos mejor, económica y políticamente -nunca, en toda la historia, pasamos veinte años seguidos sin intervención militar-, pero aun quedan muchas asignaturas que cumplir.
P.: ¿Entonces es cierto eso de «Contra Franco estábamos mejor»?
J.E.: No. Además, lo mejor que hizo fue morirse, y hasta para eso tardó muchísimo.
P.: No sea ingrato, usted gano varios premios por interpretarlo en «Madregilda».
J.E.: Soy hijo de la transición. Tenia 14 años cuando el murió. Recuerdo muy bien aquella España en blanco y negro, cuando debías callarte, no decir nunca lo que pensabas, ni lo que pensaban en tu casa. La España previa a la Reconciliación Nacional, un concepto que, dicho sea de paso, no vino de Adolfo Suárez, ni del rey, sino de quienes más la sufrieron.




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