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11 de septiembre 2003 - 00:00

Con el ritmo de un río calmo

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Esta es la historia. El viejo ha muerto, y al muchacho le toca llevarlo aguas arriba, y despedirlo. Vagando sin certeza, decide restaurar un barquito, el Aleluya, tarea dificultada por la sucesiva aparición de otro joven medio tonto, aunque parece saber algunas cosas, y un asaltante malherido, que busca refugio en esos lugares, tan cerca y al mismo tiempo tan lejos de la gran ciudad.

Los personajes llevan nombres emblemáticos:
La falsa calma del río define a sus pobladores, y define también el estilo del relato, despacioso, abierto y escondedor al mismo tiempo. Impresionan la sensación de lo palpable, la llanura del tempo, la parsimonia de algunos gestos, y hasta la restricción de imágenes postales, aunque se haya filmado en primavera.

Prácticamente no hay flores. Lo único que aflora cada tanto, breve y contundente, es la violencia.A destacar, en ese sentido,la escena del ajuste de cuentascon el traidor, donde además coinciden los dos únicos actores profesionales de la película: el agrestiano

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