UBS Verbier Festival Orchestra. Dir.: Jiri Belohlávek. Solista: Lang Lang. Obras de Smétana, Tchaikovsky y Dvórak. (Teatro Colón, 21/11.)
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La reapertura de la sala mayor del Teatro Colón se produjo, finalmente, el lunes con un público entusiasta que ocupó la casi totalidad de las localidades del teatro para oír a la UBS Verbier Festival Orchestra, un organismo joven que fue creado en 2000 y tiene como Conductor Laureate al reconocido James Levine. Está integrada por más de 100 músicos entre 17 y 29 años, provenientes de cerca de 30 países, entre ellos dos argentinos: Andrés Bercellini, de Buenos Aires y Carolina Montes, de Córdoba, quienes ocupan los puestos de corno y viola dentro del orgánico.
Con una trayectoria internacional de gran predicamento, la UBS Verbier Orchestra justifica su categoría y su altura musical. La presentación en Buenos Aires es parte de una extensa gira por Europa y Latinoamérica y se realizó bajo la dirección del también cotizado director checo Jiri Belohlávek.
Impetuosa, con una irresistible sonoridad juvenil, de fuerte impacto, el organismo ostenta en cada una de sus secciones una calidad que se ensambla sin fisuras en un total armónico. Desde la vigorosa lectura de la obertura de «La novia vendida», de Smétana hasta los generosos bises del final, otra vez con Smétana, Dvorák y Mendelssohn, sus interpretaciones rozaron la perfección, tal el cuidado formal y conceptual transmitido a los instrumentistas -con gran cantidad de mujeres sobre todo en el sector de las cuerdas-, por la batuta creativa y disciplinada del director checo.
La ejecución de la Séptima Sinfonía de Antonin Dvórák fue uno de los mejores momentos de la noche, por la nobleza y la musicalidad que coronaron la ejecución. Al promediar el concierto se oyó el celebérrimo Concierto para piano y orquesta N° 1, en Si bemol menor, Op. 23 de Tchaikovsky, con la actuación del pianista chino Lang Lang, que a los 22 años, ya da que hablar al mundo musical. Desde el ataque inicial se evidenció el ímpetu y la fogosidad del artista. Su performance tuvo más fuegos de artificio que profundidad y emoción, pero no se puede dejar de admirar su dominio del teclado.
Por momentos su compulsión resultó impresionante y su mecanismo perfecto aunque, en ocasiones, exterior. Asimismo hubo fragmentos como la cadenza con que concluye el primer movimiento donde el pianismo de Lang Lang se expresó con entera libertad y transmitió un mundo interior rebosante de originales aristas creativas. También se puede destacar como un tramo memorable de la noche el intenso diálogo establecido entre el piano y los cellos al iniciarse el segundo tiempo de la estupenda obra de Tchaikovsky, verdadera pieza de resistencia para cualquier pianista que se quiera probar ante un público masivo. Lang Lang posee condiciones excepcionales, sólo le falta mayor experiencia, refinamiento y profundizar en las motivaciones dramáticas de la partitura para que su interpretación pueda ser calificada de ejemplar.
Dejá tu comentario