24 de enero 2002 - 00:00
Con las fallas del original, pero, también, con mejoras
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Penélope Cruz y Tom Cruise
Igual que «Abre los ojos», «Vanilla Sky» podría ser un excelente episodio de media hora de la «Dimensión Desconocida», o un muy buen episodio de una hora de «Rumbo a lo desconocido». Pero 130 minutos es demasiado tiempo, y hay escenas completas de diálogos y situaciones repetitivas que no aportan nada.
Tom Cruise es un niño rico, heredero de un imperio periodístico, con una vida llena de beldades a las que trata mal, autos caros y todas las sofisticaciones tecnológicas imaginables (incluyendo un holograma de John Coltrane para animar su fiesta de cumpleaños). Lamentablemente, las cosas no le van bien: su historia se ve a lo largo de un extenso racconto en la cárcel, donde con el rostro cubierto por una máscara le cuenta sus experiencias paranoicas al psiquiatra Kurt Russell, quien debe decidir si cometió el asesinato del que se lo acusa en completa lucidez o con los estados alterados.
Lo que está muy por debajo de «Abre los ojos» es la larga secuencia en una discoteca. Probablemente, una historia tan vanamente complicada luzca más aceptable en un film europeo que en uno hollywoodense protagonizado por Tom Cruise, lo que podría explicar que dos films que básicamente tienen un metraje sobrante parecido, el mismo tono pretencioso y el mismo final descolgado hayan sido juzgados de manera tan distinta por la crítica internacional.



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