Juventus
Lyrica ofrece
por primera
vez una
zarzuela (en
realidad, una
comedia lírica
de Amadeo
Vives) con
buenos
intérpretes y
sin la
chabacanería
con la que se
suele abordar
este género
popular.
«Doña Francisquita». Comedia lírica en tres actos y cuatro cuadros. Mús.: A. Vives. Lib.: F. Romero y G. Fernández Shaw. Dir. mus.: S. Frangi. Régie: O. Barney Finn. Coreog.: J. Zartmann. Esc.: E. Balsaldúa. Vest: M. Zuccheri. Ilum.: L. Rodríguez. (Teatro Avenida; hasta el 14 de Julio.)
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A casi diez años de su creación, Juventus Lyrica, una de las más serias organizaciones locales de ópera alternativa, se anima a la puesta en escena de una zarzuela. En rigor, se trata de la comedia lírica «Doña Francisquita» de Amadeo Vives sobre un libreto basado en la deliciosa pieza de Lope de Vega, «La discreta enamorada».
Para la empresa había que contar con artistas identificados con el género, que si bien es popular, no tiene que ser chabacano ni vulgar, como
más de una vez se lo ha confundido. La obra de Vives es una exquisita muestra del arte musical español. El mayor mérito de esta versión es haberla trabajado en equipo, una característica ya casi habitual de Juventus Lyrica, donde la pluralidad produce muy buenos resultados a veces, y en otras, al menos corrección. Si bien el libreto recala en la despreocupada y elegante Madrid del romanticismo, con sus vericuetos amorosos, lo que importa es la inspiración melódica con que Vives animó el cuadro bullanguero del Carnaval en la capital española. A los diálogos, en ocasiones cáusticos, que describen tiempo y espacio, la música alterna momentos obvios con verdaderos hallazgos melódicos y vocales como el bolero del Marabú o el bellísimo coro de los enamorados.
La sobria puesta en escena de Barney Finn, diseñada para la totalidad de la obra, en esa instancia galante se transforma en un refinado cuadro nocturnal logrado con sutiles luces y adecuada escenografía, lo que no le quita mérito al trabajorealizado para el resto de la obra, siempre humorístico y de ágil desarrollo. Los envolventes abanicos imaginados por Basaldúa, el colorido vestuario de Mini Zuccheri, la iluminación de Leandra Rodríguez y las energéticas coreografías de José Zartmann, bailadas por él mismo junto a Mabel Espert y un grupo de bailarinas, dibujan una España vivaz y amable. El elenco de cantantes es eficaz, con Susana Frangi como preparadora cuidadosa, lo mismo que para los miembros de la orquesta, que responden adecuadamente a sus indicaciones. En los roles principales, la soprano Fabiola Masino, los tenores Gerardo Marandino y Pablo Skrt, las mezzosopranos Susanna Moncayo y Marta Cullerés, y el barítono Alberto Jáuregui Lorda en los roles principales cantan con entrega, buena preparación técnica y, sobre todo, simpatía, a lo largo de los tres actos, balanceando con inteligencia recursos vocales con capacidad dramática.
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