25 de septiembre 2002 - 00:00
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Francis Ford Coppola
Periodista: ¿Cómo surge esta película?
Príncipe Chatri: Me lo pidió la reina, que quería mostrar esta historia de nuestro pueblo, en especial a los niños. Investigamos mucho, fuimos a archivos portugueses, y descubrimos muchas cosas reales detrás de la leyenda: la invasión de un millón de birmanos, las mujeres de pelo corto que sabían artes marciales, la muerte del rey al paso de un cometa (confirmamos que en esa fecha pasó el Halley), los gestos y ceremoniales de entonces, el ejército de elefantes...
Kim Audry: En 1997 recibimos en los estudios Zoetrope, de Francis Coppola, un e-mail del príncipe. «Voy a filmar esto, pero los elefantes de antes tenían colmillos más largos. ¿Tienen ustedes alguna técnica, por medio de la computación, para simularlos?». Pero al final casi todo fue natural, y decidió usar apenas un 1% de trucos digitales.
P.C.: Finalmente hicimos un casting de 200 elefantes auténticos. Como batallas de elefantes, últimamente no se han producido, tuvimos bastante trabajo, sobre todo cuando alguno se empantanaba, o se enfurecía con el estampido del cañón que llevaba encima. Pero en realidad, el mayor problema es que ellos a mediodía ya dejan de trabajar. Se cansan mucho.
Francis Ford Coppola: Los pobres están en situación difícil porque ya no tienen valor industrial. La mayoría están desocupados. Y no pueden ir por ahí mendigando comida. ¡Almuerzan toneladas de pasto!
F.F.C.: El príncipe Chatri concurrió a la UCLA (Universidad de California en Los Angeles) unos años después que yo. Luego, Wim Wenders me recomendó ver sus películas (ya lleva 40), y, como la postproducción de sonido se hizo en nuestros estudios, aproveché a ver esta «Leyenda...», en su versión integral de tres horas y pico. ¡Espectacular! ¡Hermosa! Me impresionó la puesta en escena, la tensión épica, y todo lo que han hecho, fantásticas batallas, lugares suntuosos; las actrices, que son tan lindas, y vestidas de época son formidables, todo eso con un presupuesto comparativamente humilde, apenas doce millones de dólares.
P.: ¿Le recordó algunos clásicos de otras épocas?
F.F.C.: Sí, sobre todo me cautivó el comienzo, con esa princesa jovencita que se aburre en el palacio y escapa, lo que recuerda «La princesa que quería vivir». Y cuando apareció la concubina malvada, mi personaje favorito, quedé definitivamente enganchado. Qué fuerza. Y la reina buena triunfa finalmente, aunque muera. Ella existió de veras, he visto cuadros, representándola con armadura. Entonces pensé que el público occidental también podría interesarse en esta película.
P.: Es decir...
P.: Sacaron como cuarenta minutos. ¿Qué es lo que más lamenta haber suprimido?
F.F.C.: Todo. En especial, un intento de asesinato al príncipe, y dos batallas maravillosas, pero el público podía sentirse sobrepasado.
P.: Ciertas cosas que quedaron recuerdan su trilogía de «El Padrino»...
F.F.C.: Tanto «El padrino» como «Suriyothai» tratan temas universales, como las luchas de ambición en torno al poder. Lo mío debe mucho a William Shakespeare, y esta historia es contemporánea a Shakespeare.
P.: Príncipe, a propósito ¿es cierto que los actores debieron hablar la lengua tai antigua?
P.C.: En efecto, la aprendieron, como los actores angloparlantes deben aprender el inglés de Shakespeare, y saber bien qué significa lo que están diciendo. Eso forma parte de nuestra cultura. Para algunos, no fue más difícil que aprender a andar en elefante.
P.: Otra pregunta: si era una película para niños y adolescentes, ¿no hay demasiado sexo y violencia?
P.C.: Puede ser, para ustedes, pero nosotros vemos las cosas de otro modo. A nuestros chicos no los afectan esas escenas, sino las cosas cotidianas.
P.: La última. ¿No lamenta algunos de los cortes que aplicó su amigo Coppola?
F.F.C.: ¡Las partes cortadas ya están en los suplementos del DVD! Pero primero vamos a lanzar la película en salas, el año que viene.



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