4 de diciembre 2007 - 00:00

Corpo: belleza y perfección técnica

«Breu», la obra que ocupa la segunda parte del programa que trajo la prestigiosa compañía de danza contemporánea, es una inquietante visión del Brasil actual impregnada de violencia.
«Breu», la obra que ocupa la segunda parte del programa que trajo la prestigiosa compañía de danza contemporánea, es una inquietante visión del Brasil actual impregnada de violencia.
Grupo Corpo. Dir. Art: P. Pederneiras. Coreog.: R. Pederneiras. Obras: «Breu» (2007) y «Lecuona» (2004). (Teatro Opera.)

Ampliamente conocido por el público argentino, desde la ya lejana «María, María» de Oscar Aráiz en la década del setenta, el Grupo Corpo volvió a presentarse en Buenos Aires. En esta oportunidad presentó dos trabajos construidos por el mismo equipo creativo: coreografía de Rodrigo Pederneiras, vestuario Freusa Zechmeister y luces de Paulo Perderneiras (quien, además, diseñó las escenografías para ambas obras).

En ellas se observan dos miradas estéticas que a la vez representan distintas realidades. Por un lado, «Lecuona», teñida de un romanticismo algo trasnochado que se genera a partir de las doce canciones del compositor cubano que hablan en sus letras de amores y venganzas. La dinámica de cada instancia sonora impone una forma y un lenguaje dancístico, que sin dejar de encuadrarse dentro de lo contemporáneo, recurre tanto a la danza académica como a la popular.

Entre los doce números, los hay atractivos en cuanto a expresividad y originalidad, y otros más reiterativos o menos ricos coreográficamente. Lo que equilibra los resultados de «Lecuona» es la disciplina acérrima de las parejas en juego y los elementos técnicos utilizados en su producción. El final, muy a la manera de «A Chorus Line» con espejos reflejando las evoluciones de una compañía de estupendos bailarines, vestidos de glamoroso blanco, resulta realmente impactante.

«Breu» muestra otra cara -más intranquilizadora- del Brasil de hoy. Sin hablar concretamente de nada, la compañía se sumerge en una atmósfera inquietante. Desde los vestuarios en blancos y negros a rayas y una iluminación contrastada siempre, los grupos desarrollan acciones entre violentas y concupiscentes, a lo largo de 38 minutos de zozobra, con una danza muy «térre á térre» dictada por la compulsión de la música de Lenine, jazzística y lejanamente carioca.

En esta parte, una vez más, el grupo de bailarines deslumbró con un trabajo pensado milimétricamente, con la impronta de Rodrigo Pederneiras que hace que siempre haya baile en sus propuestas, desechando certeramente aquellos aditamentos que alejan a la danza contemporánea de su verdadera esencia, como por ejemplo las palabras, las simples caminatas o la inmovilidad, recursos éstos que delatan la falta de imaginación o la convicción del mensaje que se quiere expresar. Con el Grupo Corpo de Belo Horizonte esto jamás ocurre.

Dejá tu comentario

Te puede interesar