12 de noviembre 2007 - 00:00
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Chemical
Brothers, los
DJs
emblemáticos
de
Creamfields,
predicaron
ahora en sus
canciones
«dejar la
pastilla».
No por nada hasta los DJs principales de la fiesta, los «Chemical Brothers» ( Hermanos químicos) predican ahora en sus canciones «dejar la pastilla». El dúo símbolo de la música electrónica integrado por Tom Rowlands y Ed Simons brilló de 12 a 2 en el «main stage», con temas como «Do it again», «Golden Path», «Hey boy, hey girl» y «Believe», con una puesta asombrosa. La letra de uno de sus últimos temas arroja una suerte de arrepentimiento: «Sólo por divertirme un poco convertí mi cerebro en chicle, hice explotar mi cráneo con droga», pero el título reza «Do it again» (Hazlo de nuevo).
En los varios plasmas gigantes se alternaban las imágenes psicodélicas con avisos del Hospital Fernández: «Cuidate, vos conoces el límite» lo que se completaba con rostros de chicos perdidos de Missing Children. Afuera, camionetas de Sedronar repartían folletos sobre la hipertermia, del parkinsonismo y las arritmias, entre otras consecuencias del éxtasis.
Fiel receptor de mensajes contradictorios, el público recibió (¿y decodificó?) toda clase de estímulos: sushi, energizantes, hamburguesas, avisos de prevención, imágenes digitales y sonido surround. Todo destinado a estas 50 mil almas que circulan anestesiadas, maníacas, saltarinas, bipolares. Muestra de ello son las frecuentes avalanchas e intentos desesperados por salir de los tumultos (que en nada se parecen a los «pogos» recitaleros) lo cual se torna casi imposible en el estado de paranoia y excitación en que se encuentra la mayoría. Curioso que en este marco el fan tenga la ilusión de felicidad.
En el main stage, de 2 a 6, Carl Cox interactuó con el público, lo arengó y alternó clásicos de Armin Van Buuren como «The space we are» para hacer delirar a las 5 con Sander Van Doorm. Antes, en ese mismo escenario habían pasado Zuker XP y LCD Soundystem. Otro espacio en el que se vivió lo mejor de la noche fue, como cada año, la Cream Arena, con Hernan Cattaneo en la temprana noche (de 21 a 23) seguido por «16 Bit Lolitas», Martin Garcia hasta las 2, John Digweed hasta las 4 y el cierre con James Zabiela. Como siempre, la carpa desbordaba, varios se colgaban del techo y se repetía la misma sensación de hedor, excitación, euforia y, parafraseando a «Chemical brothers»: «cerebros convertidos en chicle», con la ansiedad desbordante que antecede a la depresión post-fiesta.



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