No se entiende cómo esta película tardó un año en estrenarse. No sólo está bien hecha, sino que además tiene un tema que puede resultar atrapante para el gran público al cual va dirigida, ofreciéndole la sólida descripción de un personaje y de unos caracteres que fueron bastante comunes en tiempos relativamente cercanos.
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La obra se basa en un hecho real: a fines de los '60, en La Pampa, un joven militar, bastante seductor, descuartizó a su mujer, para quedarse con su amante. Hábil y preciso, el director del film logra una buena reconstrucción, debidamente morbosa, con atractiva vuelta de tuerca, y señalable elenco.
El director es Gabriel Arbós, que aquí confirma los méritos ya manifestados en su anterior film, «Carlos Monzón, el segundo juicio»: claridad narrativa, oficio seguro, inteligencia para elegir actores y técnicos, conocimiento de las reglas del género, atención a los detalles de verosimilitud y ambientación (impecable, un verdadero revival de la época, salvo, quizás, en alguna ropa interior femenina, pero apenas alcanzamos a verla), viveza para salvar lo insalvable (como las llamadas a larga distancia, molestia de otros tiempos, que los nuevos espectadores ignoran), y, especialmente, un perceptible gusto por el cine popular de los '70.
Esto último se advierte -y cierto público lo disfruta-en el llano registro de las escenas de cama (aunque la mayoría no son de cama propiamente dicha, sino de Valiant '67) y de sangre, pero también en el tono directo con que se pinta cada figura, su carácter, su posición, y la energía de sus decisiones. También se advierte en los defectos: algunos primeros planos bastante capciosos, algunas simplificaciones reprochables, aunque sean para evitar sobreinformaciones, o para destacar la bajeza del personaje, muy bien interpretado por José Luis Alfonzo, precisamente el mismo actor de aquel «Carlos Monzón...».
Otro defecto: la inverosímil figura de un notero flacuchento llevando adelante por sí solo toda la investigación, pero igual da miedo cuando se mete a espiar en la propia casa del asesino (un suspenso efectivo, clásico, y sin ninguna música). Muy creíbles las diversas clases de víctimas que componen Gabriela Salas, Jimena Anganuzzi y Alicia Zanca.
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