22 de noviembre 2002 - 00:00

"Creo que abusé de las lágrimas"

Creo que abusé de las lágrimas
Beatriz Spelzini es una de las p rotago-Bnistas de «Umbral», del español Paco Zarzoso, un atractivo espectáculo de corte intimista que se representa en Andamio '90 (Paraná 660), los sábados a las 23. Esta pieza que dirige Fernando Piernas iniciará una gira por Madrid, Barcelona y Londres en el mes de enero, razón por la cual, la actriz deberá abandonar el elenco de «Stefano» (Teatro Nacional Cervantes) antes de lo previsto. Entretanto, aguarda de un momento a otro el estreno en Buenos Aires de «Reconciliati», la película que filmó en Italia bajo las órdenes de la directora ítalo-argentina Rosalía Polizzi. Ya sea en teatro o en televisión, Beatriz Spelzini siempre se destacó por su intenso compromiso actoral, aunque según ella misma admite eso le ha acarreado también algunos problemas de salud.

Periodista: «Umbral» reúne cinco historias muy simples que hablan de la imposibilidad de involucrarse en una relación amorosa ¿Por qué gusta tanto este espectáculo?

Beatriz Spelzini:
Es producto de la energía colectiva de un grupo de trabajo que cuenta con mucho apoyo y entrenamiento. Detrás de todo esto está la figura de Augusto Fernandes; todos nosotros trabajamos en su escuela y valoramos mucho su influencia como maestro y pensador. «Umbral» gustó mucho y cuando la vio el dramaturgo español José Sanchís Sinisterra decidió entregarme su obra «Valeria y los pájaros», que es un protagónico absoluto, para que la dirigiera Piernas. Incluso se ofreció a producirla.

P.: Usted pone la misma intensidad dramática en el teatro que en la televisión. Cuando hizo de madre de Nancy Dupláa en «Montaña rusa» parecía un personaje trágico.


B.S.:
Sí, fue algo muy intenso y en un momento la mujer se volvía loca... (sonríe) Yo creo que dejo un poco de salud en la actuación, por eso retomé terapia. Todavía tengo que reforzar algunas cosas que hacen al oficio para que no me dañen, sobre todo cuando trabajo con elencos que provienen de distintas escuelas. A veces, la manera de trabajar de algunos actores puede llegar a trabar mi propio trabajo.

P.: Pero usted fue capaz de salir airosa incluso de una puesta tan criticada como la de «El misántropo».


B.S.:
Ah sí, lo padecimos mucho a ese director [el francés Jacques Lassalle], era un señor que tenía muchos problemas. A mí lo que me salva es que estoy muy enamorada de la actuación y del entrenamiento. Me ayuda mucho trabajar junto a Au-gusto Fernandes, porque él es un hombre que no ha abandonado la pelea por el conocimiento. En «Stefano» me pasó que, pese a no coincidir con Juan Carlos Gené en muchas cosas, él quedó conforme con el resultado de mi trabajo y ese reconocimiento me gratifica porque lo que yo logré no fue a través de lo que él me pedía.

P.: ¿Y qué le pasó con «Los derechos de la salud» donde tenía por hermana y rival a una moribunda?


B.S.:
Me enfermé durante el proceso de ensayo. Me acuerdo que un día el director Luciano Suardi se asustó de lo que me pasaba y yo también, porque me puse a llorar y le dije: «No quiero escuchar más esa frase que dice el personaje de Elena Tasisto». A lo mejor suena exagerado, pero sentía que no tenía protección contra el dolor que me provocaba la evocación de esas palabras que yo asociaba al proceso de enfermedad de mi papá, al que acompa-ñé muy de cerca hasta que murió. Pero, por suerte, esa experiencia me llevó a recuperar mi salud mental y física y a ocuparme de algunas afecciones a las que nunca le había prestado atención. Por eso pienso que el actor necesita de otra disciplina que lo acompañe, desde ver brujos hasta el psicoanálisis, no importa en lo que crea. Acá en «Stefano», empezamos la obra con un féretro. Y yo le decía a Perla Santalla el otro día: «Esto de ver un ferétro todas las noches ¿qué hará dentro de uno, qué nos producirá? Porque si uno no se da cuenta que eso algo le hace, lo sufre igual pero sin registrarlo, lo que es peor.

P.: Pero en «Umbral» se dio el gusto de experimentar con el humor y dejar atrás a los personajes melancólicos.


B.S.:
Eso es algo que pude experimentar gracias a Fernando Piernas. Yo no tengo explorado el humor, sí en mi vida, pero no como actriz. Y Fernando me animó a apuntar a eso. La emoción no es sólo lágrimas y el hecho de incorporar el humor en mi trabajo también me sirvió para abrir otro canal en la vida. Y la verdad, ahora siento que en mi carrera he hecho uso y abuso de las lágrimas.

Entrevista de Patricia Espinosa

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