Cuando la distopía se cruza con una de piratas

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Diálogo con el narrador y periodista Pablo Plotkin sobre su nueva novela fantástica, “Brasil del Sur”.

Buenos Aires, en una etapa eventual del país, se ha convertido en Capital Administrativa del Brasil, y bajo el gobierno de la Refundación y su Programa Tecnológico Libertario intenta establecer mediante las nuevas tecnologías la Felicidad Absoluta. Así lo plantea “Brasil del Sur” (Emecé) nueva novela de Pablo Plotkin, que une una porteña ciencia ficción con novela de aventuras. Plotkin es periodista, guionista de TV y narrador.

Periodista: ¿La Argentina va a ser en el futuro una parte de Brasil?

Pablo Plotkin: No. “Brasil del sur” no es una ficción que pretenda predecir el futuro, lo que busqué fue imaginar una realidad alternativa, un escenario imaginario en el que la circunstancia política me permitiera jugar con nuevas reglas y un mapa de poder global que hubiera transformado el mundo.

P.: ¿El libro da cuenta del nuevo ordenamiento del mundo después de la Tercera Guerra Mundial?

P.P.: Eso no se dice. Ocurrió algo que lo devastó todo, produjo una reducción drástica de la población y un reordenamiento de las hegemonías. Lo que más se conoce a través del relato es el Centro Administrativo Brasil del Sur y, entre otros lugares, debido a un viaje clave del protagonista, China, que es un polo clave en la nueva conformación global.

P.: ¿Es ciencia ficción, una fantasía heroica, una novela de aventuras?

P.P.: Me interesaba el componente de aventura. El viaje en barco que debe hacer el protagonista, en una encubierta misión comercial, con la aparición de piratas. Estaba animado a probar un registro a la Stevenson. Me gusta eso de insertar, en una novela de ciencia ficción, una fuga hacia la novela de aventuras del siglo XIX.

P.: Una sociedad donde se convive con hologramas, en la que se programa la Felicidad Absoluta remite a las distopías de Orwell, Huxley, Dick o Collins.

P.P.: No puntualmente al Aldous Huxley de “Un mundo feliz”, ni a la Suzanne Collins de “Los juegos del hambre”, pero sí a las distopías de Philip K. Dick, Cormac McCarthy o J.G. Ballard y, a nivel local, las de Marcelo Cohen. Pero “Brasil del sur” no es estrictamente una novela de género.

P.: Vuelve a una Buenos Aires distópica.

P.P.: En la primera Buenos Aires era un personaje más, con una presencia muy contundente de determinados barrios, en esta se sofistica todo, se enrarece el paisaje, es menos barrial. La porteñidad en la voz de los personajes me sale todo el tiempo y no quería neutralizarlo, no quería volverlo anacrónico con una lengua neutra para de ese modo dar verosimilitud a una distopía futurista.

P.: ¿Fracasa la dictadura blanda del proyecto libertario de la Felicidad Absoluta?

P.P.: Esa subtrama de la historia tiene que ver con discursos políticos que proponen una refundación del país y que suelen conducir al fracaso. Cuando usé la palabra libertario no estaba en circulación entre nosotros. Aquí reaparece el conflicto civilización o barbarie, pero la civilización no parece tan civilizada y la barbarie no tan bárbara, todos son bastante bárbaros y aplican sistemas de control y convivencia distintos de unificar. Los soldados y funcionarios que operan para cada bando se contradicen y lanzan ideas que no se pueden concretar. La ciencia ficción hace preguntas y no busca respuestas, imagina consecuencias y posibilidades, es una crítica de la realidad, reconstruye lo que nos rodea y muestra cómo se puede trastocar moviendo apenas algunos elementos y haciendo que tengan una nueva función.

P.: Sus novelas se instalan en un género poco frecuentado entre nosotros, pero con antecedentes en Borges, Bioy, Cortázar y Gorodischer.

P.P.: La literatura argentina tiene una fuerte tradición en el cuento fantástico, de terror y de ciencia ficción, no como géneros desde los cuales se escribía. Borges, que traduce y prologa a Bradbury, describe la fascinación que le producen sus relatos y se pregunta qué es lo que hace que esas fantasías sobre un planeta extraño lo cautiven tanto. Durante un tiempo se produjo una brecha que hizo que esos géneros narrativos parecieran desterrados de nuestra literatura, en los últimos años se han vuelto más visibles, pero no planteándolos en una Buenos Aires o una Rosario o Córdoba identificable. Quizá la gran obra distópica argentina, ambientada en una Buenos Aires reconocible, sea la historieta de Héctor Oesterheld “El Eternauta”. La gente comentaba interesada y hasta un poco sorprendida que ahí se veía un apocalipsis en la cancha de River o un combate en Plaza Italia. Por suerte hoy hay más autores que juegan en esos géneros narrativos, actualmente con un marcado interés por lo gótico.

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