28 de febrero 2005 - 00:00
Cuando lo que importa es el ojo y no lo que mira
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«Jóvenes en Rio», de Diego Levy: la mirada que permite imaginar lo que la fotografía oculta.
Gustavo Di Mario proviene del mundo de la moda y la publicidad. Sus imágenes evocan los retratos del curador, Goldestein, y el Pop Latino de Marcos López, como ellos usa estratégicamente los colores brillantes, y convierte los personajes en estereotipos, en fieles representantes de su contexto social o su oficio. Pero Di Mario mira con mayor sensualidad a sus retratados, y transmite sin ningún reparo su fascinación por la belleza, como se percibe en sus mejores trabajos, cuando presenta un futbolista que en medio de un descascarado vestuario en posición estatuaria, como un Apolo de barrio, o cuando desnuda la hermosura de los rostros de «Gaby» y «Lauren».
En dramático blanco y negro, las imágenes de Levy reflejan la violencia urbana de Buenos Aires, Rio de Janeiro y Medellín. A los 18 años Levy trabajaba en una redacción, a los 28 fundó Sudacaphotos, la primera agencia de reportajes fotográficos de Latinoamérica, y recibió el Premio de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano que preside García Márquez. Ahora, a los 31, ya expuso en la Fundación Proa y en la Bienal del Mercosur, y su obra, sin esconder el horror, pero sin exacerbarlo tampoco, brinda una prueba de la madurez alcanzada. Con su ojo entrenado articula un verdadero ensayo sobre la violencia y el crimen. La muerte inesperada, la alienación sin atenuantes que acecha al hombre en la calle, el delito y hasta el horror, están tratados con cierto pudor en los contrastes del color o en los encuadres.
El mejor ejemplo es una imagen de Rio donde un grupo de personas observa -algunos con espanto hacia un costado, otros con terror o a punto de llorar hacia el frente-, algo que está fuera del cuadro de la fotografía, pero que se adivina horrendo. El fotógrafo decidió anular la truculencia de la imagen, pero de modo más elocuente remite a lo intrínsecamente siniestro del incidente que evitó representar. Al contrario de lo que parece, si se observan las expresiones con detenimiento, la foto revela reiteradamente en cada rostro lo que se pretende ocultar. En suma, se trata de una muestra donde lo relevante es el ojo del que mira.


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