(01/11/2001) El crítico de arte Enrique Gené ha emprendido hace ya varios años una literatura de aproximación a distintos artistas argentinos. Entre los libros publicados se cuentan «Quinquela Martín, meditación en torno de la vida y la obra de un argentino» (1986), «Pérez Celis, un protagonista» (1988), «Leopoldo Presas, el amor en todas sus formas», con el que obtuvo el Premio Nacional de Literatura, trienio 1990/'93, en la especialidad Libro de Arte.
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Su reciente libro, «Aldo Severi, una aristócrata visión de lo popular», coincide con la exposición del artista en el Centro Cultural Borges y ambas manifestaciones cuentan con el auspicio de la Embajada de Italia en la Argentina. En el capítulo inicial, «El artista y el hombre», el autor nos lleva de La Boca natal (1928) al entonces solitario pueblito de Florencio Varela y a su radicación definitiva en 1939 en Quilmes, de la que es ciudadano ilustre, título que le fue otorgado en 1990.
Aquí realiza aun una fructífera labor docente iniciada en 1951 y como director del Museo Municipal de Artes Visuales incorporó a su patrimonio más de 250 obras de artistas argentinos y extranjeros. Durante las char-las en su estudio, Gené registra un comentario: «A La Boca que yo viví, le faltó un Fellini que la perpetuara». Y así define Gené al artista: «Severi es un Fellini que pinta».
La Boca severiana es grotesca: comparsas, cabarets, calesitas, cortejos fúnebres, organilleros y canasteros, casas de made-ra y zinc, así como los persona-jes del multifacético mundo que la habita, un aquelarre barroco. Alumno de Daneri, Bigatti, Spilimbergo, Roberto Rossi, y el teórico Cartier, Severi pertenece a una generación que se hizo en la disciplina estricta del dibujo. Aldo Severi es tango. Desde joven fue un oyente fervoroso y frecuentador de personajes como Pichuco, Caló, Pugliese, los De Caro, cuyas orquestas animaban los bailes del Quilmes de entonces. Comienza aquí la seducción por un tema en el que se combinan música y pintura. En los cuadros de Severi se «escuchan» los compases, los músicos se funden en sus instrumentos y los bailarines nos envuelven con su rítmico y sensual frenesí.
Hay otros temas: el Quilmes de la cervecería, el nocturno, los obreros al regreso del trabajo, billares, el mundo burrero y el futbolero, crucifixiones, entre ellas, el vitral de «Cristo resucitado» para la parroquia Nuestra Señora de Luján realizado el año pasado.
En su obra se mezclan diversos ismos que el artista exhibe con orgullo, una vibración colorística la recorre con exuberante y densa textura.
Este apasionado sentimental de la pintura que en 1983 junto a Mireya Baglietto y Héctor Médici integró la representación argentina en la XVII Bienal de San Pablo, con Marta Minujin como invitada especial, realizó una importante serie de exposiciones en Italia durante el período 1991/'92.
Severi ha sido prologado, entre otros, por Guillermo Roux, Rafael Squirru, Osiris Chiérico, el músico Daniel Binelli le ha dedicado un hermoso tema incluido en diversos CD editados en la Argentina y en el exterior, y Horacio Ferrer lo califica como «poeta, en rara mezcla de Georges Roualt y Homero Espósito. Recientemente, el Correo editó un sello postal de colección con la obra titulada «Concierto de bandoneón».
Enrique Gené enfatiza la total independencia de este artista que no se deja perturbar por modas y que busca desde siempre, en las grandes épocas del arte, el alimento espiritual para su propia y personal obra. El libro, editado en Buenos Aires, contiene abundante material bibliográfico, antología de críticas, notas biográficas con fotos de archivo y excelentes reproducciones de obras realizadas entre 1981 y 2001.
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