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26 de septiembre 2006 - 00:00

"Develar secretos no siempre es bueno"

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Alejandro Casavalle define la obra que acaba de estrenar en el teatro El Piccolino como «una comedia negra en la que los secretos familiares van saliendo a la luz a golpes de cuchillo».
El director Alejandro Casavalle estrenó en el teatro El Piccolino (Fitz Roy 2056), «Una tragedia argentina», una obra de Daniel Dalmaroni que ironiza sobre las nefastas consecuencias que puede ocasionar la cruda verdad en una familia acostumbrada a la simulación y la hipocresía. Integran el elenco Jorge Sabaté, Liliana Moreno, Pablo Carrasco, Gastón Courtade y Carolina Refusta. En diálogo con este diario, Casavalle dijo estar «obsesionado por el tema de la familia y después de ver 'New York' de Dalmaroni me decidí a dirigir esta obra. Fue un proceso muy duro, ya que para meterme con lo familiar tuve que enfrentarme con mis propios demonios familiares y, en cierta forma, matar a mis padres. Por eso recurrí a un grupo de actores que conozco y me conocen muy bien. No todo el mundo está preparado para enfrentarse con la verdad. A veces, develar todos los secretos hace más daño que otra cosa. Pero sí es necesario tener un espacio de descarga fuera del grupo familiar. En mi caso ese espacio es el teatro».

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Además de dedicarse a la enseñanza (es profesor de teatro en el Centro Cultural Rojas y Docente Titular de la Cátedra de Dirección de Actores II en el Instituto Nacional de Cine) Casavalle se desempeña desde 1996 como coordinador artístico del Centro Cultural Adán Buenosayres. Ha dirigido y producido más de treinta obras; entre las últimas se destacan «Punto genital (Pornodrama I)» y «Reducción» («Downsize») de Christopher Welzenbach, que estrenó el año pasado en el baño de hombres del Malba. Allí no más de doce espectadores por función jugaban a ser testigos de las maquinaciones de un grupo de yuppies a punto de ser despedidos por una importante multinacional. La obra se estrenó originalmente en Chicago con producción y dirección de Stephan Mazurek y tanto el autor como el director viajaron a Buenos Aires para su debut porteño.

En relación a «Una tragedia argentina», Casavalle confiesa que necesitó construir otra familia para poder enfrentar la propia («Es una familia de ficción compuesta por un clan de actrices y actores con los que trabajo en casi todas mis obras»); por otro lado la define como una comedia negra en la que los secretos familiares van saliendo a la luz a golpes de cuchillo. Periodista: ¿Por qué lo perturba tanto el tema familiar?

Alejandro Casavalle: No todos estamos preparados para enfrentar la verdad, pero un artista tiene que atreverse a hacerlo sino que se dedique a otra cosa. La ficción funciona como un elemento de descarga para poder soportar la realidad y contribuir a una catarsis social. Me gusta sacudir al espectador porque es una manera de despertarme a mí mismo. Es tan fuerte la realidad que necesito un espacio ficcional para trabajarla.

P.: En la obra es el padre de familia quien empieza a buscarla verdad a través de un pequeño incidente y termina desatando una masacre.

A.C.: Así es, él empieza preguntándole a su hermano por qué insiste en mirarle los senos a su esposa y cuando éste decide responderle con la verdad ya no pueden parar, un secreto arrastra a otro y todo esto provoca heridas terribles, incluso físicas.

P.: ¿Qué clase de familia es ésta?

A.C.: Hicimos un pequeño cambio. Estos dos hermanos son ahora de clase media alta y sólo la esposa viene de la clase trabajadora. Me parecía que hablar de este tema de la verdad a través de una clase social más ligada al poder le daba una perspectiva más amplia a la obra. Además la aristocracia argentina es otro tema que me obsesiona.

P.: ¿Por interés sociológico o por cuestiones personales?

A.C.: Por razones familiares... Parece que para hablar de «Una tragedia argentina» no voy a tener más remedio que hablar de mi familia. Uno de mis tatarabuelos fue editor de «Letras argentinas» pertenecía a la generación de Mitre y Avellaneda y otro pariente mío cruzó Los Andes con San Martín. Son ese tipo de cosas exóticas que en un país con tan poca historia como el nuestro tienen mucho peso. Después mi familia se mezcló con hijos de inmigrantes, provenientes de la clase trabajadora. Bueno, de ese menjunje nazco yo atravesado por ciertos temas de identidad.

P.: ¿Qué lugar ocupa la mujer dentro de la obra?

A.C.: Las mujeres son las transmisoras de la cultura para bien o para mal. Esta madre transmite una cultura del engaño, insiste en que hay que decir toda la verdad pero no quiere encontrarse con ella. Como dije antes, es un tema muy denso pero creo que encontramos la clave justa: los actores trabajaron muy en serio cada situación para que la risa quede del lado del público.

P.: ¿Qué dijeron de su puesta de «Reducción» el autor y el director original?

A.C.: Yo no hablo en inglés pero nos entendimos de entrada. Tuvimos una conexión muy fuerte y nuestra puesta les gustó más que la suya, por eso el director volvió en febrero a Buenos Aires para filmar la obra en el mismo espacio en que se representó.

Queremos estrenar la película en el Malba y hacer la obra en paralelo para que el público tenga los dos registros. No es teatro filmado, es cine, porque Stephan trabaja como documentalista para el History Channel y HBO Olé». Ahora estamos trabajando en un nuevo proyecto «Smokers», que estrenaremos en paralelo aquí y en Estados Unidos.»

Entrevista de Patricia Espinosa

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