La buena comediante Eugenia Guerty en
una escena del unipersonal «Llorando me
dormí», donde encarna a una preceptora
tan detestable como patética en su vida
privada.
«Llorando me dormí» Unipersonal de Eugenia Guerty. Dir. Gral.: E. Federman. Dis. Luces: J. Milea. (Centro Cultural de la Cooperación.)
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Eugenia Guerty es una de esas actrices «todo terreno» cuya versatilidad provoca carcajadas hasta cuando hace de hombre, como sucedió en «Chabonas», un programa que a pesar de su fugaz paso por la pantalla chica, le permitió explotar una faceta humorística bastante más audaz que la exhibida en los sketchs y cámaras ocultas de «Videomatch», su primer trabajo televisivo. Más tarde se la pudo ver en diversas tiras y telenovelas («Campeones»,«Culpables», «Padre Coraje») dando vida a mujeres bastante temperales o con sutiles transtornos psicológicos.
Hace ya un par de años que Guerty pasea sus unipersonales por bares y teatros recreando personajes de rasgos muy reconocibles. Elba Bedel, la protagonista de «Llorando me dormí» es una celadora, tan tonta como autoritaria, que viaja a Bariloche acompañando a un grupo de estudiantes secundarios. El prolongado viaje en micro es la excusa ideal para que la actriz bromee con el público como si éste fuera parte de su díscolo alumnado logrando momentos de gran comicidad. Esta ridícula preceptora (algo más misteriosa que las mujeronas creadas por Antonio Gasalla) es incapaz de controlar cualquier grupo humano, aún fingiendo una jovial camaradería que en definitiva solo la torna más patética.
En el siguiente cuadro, Elba ya está de regreso en su barrio. Es ahí donde se permite mostrar sus peores rasgos, tanto en su charla con el verdulero boliviano, a quien se dirige de manera francamente racista como en la reunión de consorcio donde trata a sus vecinos como si fueran otro grupo de alumnos. Más tarde, en la intimidad de su casa, la mujer entra en crisis y termina confesando un antiguo delito. Este desenlace suena algo abrupto a pesar de las permanente alusiones a la caja de zapatos que oculta dicho crimen.
Bien caracterizada y con muy pocos elementos escenográficos, la actriz logra que el espectador comparta sus aventuras, por momentos estimulando su complicidad y en otros favoreciendo su mirada crítica, ya que se trata de un personaje cómico pero de conducta detestable.
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