7 de febrero 2005 - 00:00

Divierte farsa "china" sobre crisis de pareja

Ideth Enright, una de las camareras del restaurante chino en el que transcurre la acción de la obra.
Ideth Enright, una de las camareras del restaurante chino en el que transcurre la acción de la obra.
«Shangay». Libro y Dir.: J. M. Muscari. Int.: J. M. Muscari, F. Sayago, Ideth Enright, Liliana Weimer y otros. Esc. y Ambientación: H. Moran, V. Strauch. Coreog.: L. Biassotto. (Teatro «Maipo Club»).

Todo espectáculo de José María Muscari es una experiencia lúdica, cuidadosamente ambientada, que invita al espectador a sumergirse en las temáticas más diversas, ligadas en general a hábitos de consumo y ciertos rasgos de nuestra idiosincrasia que invitan a ser caricaturizados.

Muscari
debutó como director con un montaje dedicado al mundo de la moda («Mujeres de carne podrida»), y más tarde hizo lo propio con el circuito de los talk shows, la música disco, las actrices famosas, el folklore peronista, la inmigración boliviana y la lucha en el barro entre mujeres. «Shangay» es su espectáculo más ambicioso en cuanto al desarrollo de un conflicto dramático, en este caso la disolución de una pareja en plena crisis. Pero al estar dicha pareja integrada por dos hombres, la obra incluye además una pintoresca incursión por el mundo gay, con desopilantes alusiones a sus códigos de seducción y a sus barrocas fantasías sexuales.

La acción transcurre en un restaurante chino, en donde los protagonistas tendrán su última charla rodeados por el público y con la permanente intromisión de tres camareras (entre las que se destaca Ideth Enright), que pretenden animar el lugar con shows musicales de dudoso estilo oriental. Luego se irá viendo que este exotismo prefabricado no es más que otro ejemplo de la infaltable «truchada» criolla, que refleja no sólo un total desconocimiento de la cultura china sino hasta cierto desprecio por los miembros de esa comunidad.

José María Muscari
(Lucas) y Fernando Sayago (Alejo) desempeñan sus papeles con gracia y convicción, pero el gran hallazgo de la obra es el personaje de Zulma (la entrometida madre de Lucas) a cargo de la actriz Liliana Weimer. Su estruendosa aparición da paso a uno de los momentos más divertidosde «Shangay». La versión que se exhibe en el Maipo Club cuenta con un montaje mucho más ajustado que el que se dio a conocer el año pasado en una sala del circuito off. Sin embargo, todavía se percibe cierta falta de fluidez entre las escenas «serias» y las jugadas desde el humor.

De todas maneras el espectáculo entretiene -y sin herir susceptibilidades- aún cuando abundan los episodios de sexo. Esta vez, Muscari apostó más a la ironía y la parodia que a la provocación, y hasta se atrevió a incluir una escena de tierno lirismo. En «Shangay» los padecimientos del amor responden a universales y tienen más importancia dentro de la obra que las conductas sexuales de sus protagonistas.

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