La gracia de «Inconscientes» reside en
habilidad para llevar al espectador de sorpresa
en sorpresa, y de locura en locura,
siguiendo las pisadas de un médico de
vieja escuela y su linda cuñada, entusiasta
freudiana.
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No corresponde entrar en detalles argumentales, porque buena parte de la gracia del film reside en su habilidad para llevarnos de sorpresa en sorpresa, y de locura en locura, siguiendo las pisadas de sus personajes protagónicos: un médico de vieja escuela y su linda cuñada, entusiasta freudiana que acaba de perder al marido no sabe dónde. O acaso el otro es un perdido a conciencia plena, eso ya lo veremos.
Baste decir que el tema habitual de su autor,
Para más, se trata de una comedia romántico policial contada con gran ingenio, lindas frases (por ejemplo,
Y todo con buen humor, aunque los personajes más bien estén cómicamente desesperados por lo que les pasa. Y, dato clave, con unas cuantas chanzas a la psicología y otras pretensiones de progreso humano que para muchos han resultado un verdadero peligro. Son de esas burlas que hacen pensar, pero después que terminó la película, y siempre que uno quiera. Si no quiere, en fin, puede mandar toda esa parte a su inconsciente, que para eso está.
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