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Sus obras nos enfrentan con una mirada de la infancia sobre el mundo de los adultos en una visión exacerbada por el terror y la presencia inquietante de formas agresivas. En su trabajo actual, que se presenta en el Museo Nacional de Bellas Artes, extiende las fronteras de la pintura, apelando a la fotografía y al collage, generando nuevas texturas. Su discurso como lo expresa ella misma es una forma de pensar un duelo, un intento patético y también ridículo para evitar el dolor y tapar las heridas.
El género de las instalaciones, que se inició en la década del '70 y se afianzó en los '90, es el resultado y proyección de las sucesivas transformaciones asumidas por el arte de vanguardia desde comienzos del siglo XX. La instalación se nos aparece como una disolución/superación de las formas tradicionales. La interacción con lo espacial puede ser llevada a extremos desconocidos por medio de la realidad virtual, y las nuevas tecnologías. Gobernadas por computadoras, algunas de estas instalaciones, como lo indica su nombre, permiten crear escenarios muy particulares, con el uso de sensores, estereofonía, fibra óptica y video.
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