Basándose en
las cartas
auténticas
escritas por una
joven judía
alemana en
1938, Juan
Carlos Gené
autor, director y
uno de los
protagonistas)
construye una
pieza de
crescendo
emocional sin
tregua, como
corresponde al
horror que
evoca.
«Todo verde y un árbol lila». Texto y dir.: J.C. Gené. Mús.: L. M. Serra. Esc. y vest.: C. Di Pasquo. (Teatro Nacional Cervantes.)
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La primera reflexión que propone Juan Carlos Gené en «Todo verde y un árbol lila» es la de la búsqueda de identidad. Los actores, con nombre y apellido, van a convertirse en otros que viven historias dolorosas y desesperadas.
En su triple papel de autor del texto, director y actor, Gené aparece en escena personificándose a sí mismo. El presenta a sus actores: Daniela Catz hará de «Ella», Esteban Pérez va a interpretar a Rudi Laser, Francisco Cocuzza y Livia Fernán serán los padres de ambos y Mario Petrosini, un funcionario del consulado argentino.
Despojados todos de sus identidades reales se convierten en una familia judía alemana que espera, en medio de una absoluta desesperación, que Rudi, el hijo que logró emigrar de esa Berlín donde se comienza a gestar el nazismo (corre el año 1938), los salve de la barbarie. Entretanto, las autoridades argentinas se muestran salvajemente burocráticas e imponen esperas absurdas y dramáticas a esta gente necesitada de cobijo; no oyen el grito de terror que viene del otro lado del mar, mientras aquí se preconiza que el país es una tierra de promisión para todos aquellos que quisieran habitarla.
Basándose en cartas auténticas encontradas en un añejo arcón, la historia es contada fragmentariamente por los integrantes de la familia de Liselotte Laser (aquí representada por la «Ella» de Daniela Katz), la jovencita que enviaba cartas a su hermano emigrado para que la salvara del horror que se avecinaba. En un crescendo emocional sin tregua, las cartas cuentan fragmentos de vida, las muertes, los remates, las adaptaciones a las nuevas y atroces realidades que se les imponía por su condición de judíos.
En medio de una escenografía minimalista y con un vestuario en blancos y negros de Carlos Di Pasquo, Gené conduce como en un ballet al grupo de actores, todos de una gran sensibilidad plástica en lo corporal y en lo vocal. De este modo se crea un espacio dramático en el que la música de Luis María Serra viene a paliar tanto dolor con melancólicas frases que acentúan, de todas formas, el signo trágico que rodea la existencia de un árbol lila en medio del imaginario verde de las pampas.
Dejá tu comentario